¡El Cid ha vuelto! Y abrió la Puerta Grande de la Tauromaquia

Ampliar Portada

04 octubre 2013 | Escrito por Yolanda Fernández Fernández- Cuesta | Fotografías de Constante

Se han corrido seis toros de procedencia Domecq anunciados a bombo y platillo como “ganadería triunfadora de San isidro”. Repartidos en la familia, 1º 5º y 6º de Cortés y 2º, 3º y 4º de Victoriano del Río, otro engaño más para el aficionado. Desigual presentación, sosos, noblotes y toreables para la muleta, pero manseando en varas, bien armados aunque los cuatro primeros anovillados y con muy poca casta; blandos en general especialmente los dos primeros flojos de manos; los mejores el tercero y cuarto, este último con boyantía y repetidor en la muleta.

Primer toro: Ebanista con 526 kgs. Blando, descastado y soso. Bien armado de pitones Puyazo trasero y picotazo sale suelto y perdiendo las manos, protestas. Mal en la muleta; silencio.

Segundo toro: Botellero con 520 kgs. El más flojo, manso en varas; puyazo y picotazo traseros, sa cae al sal salir del caballo; protestas de la afición. Embestidor en la muleta. Silencio.

Tercer toro: Cantaor de 534 kgs. Aunque flojo, noble pero soso en la muleta; Puyazo trasero al relance enganchado en el peto y picotazo simulando la suerte. Silencio.

Cuarto toro: Berbenero de 541 kgs. El mejor de la corrida. Con boyantía, nobleza y repetidor en la muleta, en varas no se empleó y se dolió con los palos. Primer puyazo en buen sitio sin empujar y un segundo trasero. Aplaudido en el arrastre.

Quinto toro: Candidato de 573 kgs. Manso, soso muy flojo, atacado de kilos; Puyazo al relance sin colocar y picotazo; silencio.

Sexto toro: Medianillo con 585 kgs. Con gran cornamenta, mal picado no sabemos si habría dado juego en varas, soso en la muleta. Puyazo largo, mal colocado, el toro sale medio caído del encuentro, segunda vara en el mismo sitio. Silencio.


MANUEL JESÚS EL CID, vestido de “azul pavo y oro”. Pinchazo y estocada; silencio. Dos pinchazos en alto, bajonazo y un descabello. Vuelta al ruedo.

IVÁN FANDIÑO, vestido de “azul marino y oro con cabos blancos”. Estocada desprendida, un aviso; oreja con protestas. Estocada algo caída; silencio.

SEBASTIÁN RITTER, vestido de “teja y oro”. Tarde de alternativa. Estocada atravesada, caída y perpendicular; silencio. Estocada casi entera saliéndose de la suerte; silencio.


Presidencia: Justo Polo, tuvo un actuación a favor de la empresa de manera descarada (este nuevo presidente ha aprendido pronto la lección) pues debió echar al segundo toro al corral; fue muy protestado. En mi opinión la petición de oreja a Fandiño no era mayoritaria pero una vez más se comprueba cómo los gritos convencen a los presidentes más fácilmente y en este caso el trofeo parecía más el premio a la que en la pasada feria no se le pudo dar por la cornada. Bien al no conceder la vuelta al ruedo al 4º toro, escasa petición para ello, pues no se empleó en varas y se dolió en banderillas.

Tercio de Varas: simulacros de puyazos; mal colocados y sin poner al toro en suerte, fueron en general los defectos más llamativos del primer tercio. Los toros no se emplearon, repuchados en el peto y teniendo todo a favor el del castoreño. Salían sueltos y a trompicones.
Cuadrillas y otros: Ninguno peón destacó especialmente; El Boni con todavía el recuerdo de su última cornada estuvo especialmente medroso y Jarocho a punto estuvo de sufrir un serio percance cuando cayó ante el tercer toro al final de primer tercio, pero el toro no hizo por él. Creo que El Cid debió invitar a Ritter a realizar el tercio de quites al 4º toro protagonizado por Fandiño y él como matador de turno. Tarde de alternativa de Sebastián Ritter. Más de media entrada con buen tiempo y rachas de viento molesto.


La plaza era un clamor de entusiasmo a la torería…con los ojos y el corazón llenos de arte e incredulidad ante tan magistral faena ¡qué naturales…! y cuándo expectantes ansiábamos que esta vez sí matara como Dios manda, El Cid montó la espada, citó al toro en la suerte contraria -¿porqué?-, levantó los ojos al cielo pidiendo ayuda, estiró demasiado el brazo derecho y…!pinchó¡ y otra vez… y un bajonazo y un descabello… Adiós puerta grande abierta por justísimos méritos de par en par gracias a una de las faenas más grandes y perfectas vividas en las últimas temporadas en esta plaza. Pero una vez más el fallo a espadas privó a El Cid de quizás el más importante triunfo de su carrera en estos años; seguramente para el verdadero aficionado los trofeos sean lo de menos pero no cabe duda de que una actuación así se merecía un gran premio, todavía más si se compara con las mediocres puertas grandes que se abren últimamente; sin ir más lejos la de Talavante en el pasado San Isidro.

Ya nos había anunciado con lances de salida la calidad del toro y que venía dispuesto a todo en el tercio de quites, quizás picado por la orejita regalada y facilona de Fandiño; salió El Cid como en sus mejores tardes dispuesto a encandilar a su fiel público de Madrid y demostrar la suavidad y el temple en unos delantales torerísimos replicando el buen quite por gaoneras de Fandiño al gran toro Berbenero corrido en cuarto lugar. Pero en el tercio de muleta es cuando llegó la obra maestra. No exagero, no. Naturales de una verticalidad perfecta, con mando, moviendo magistralmente la muñeca, dejando colocado al toro que tomaba la muleta sin un roce ni enganchón; fueron dos tandas rematadas con trincherillas y pase de pecho que aún tengo en la retina y saboreo en el recuerdo. Después con la derecha, que no debió usar, bajó la intensidad de la faena, ni para el toro ni para el torero era el pitón bueno y volvió a la zurda y con ella perfeccionó una faena con la que El Cid ha vuelto a ser el gran torero que fue y al que siempre se espera, aunque he de reconocer que ya lo hacíamos últimamente cada vez más descorazonados.

Después de esta obra de arte lo que hizo Fandiño no dejó de ser algo vulgar y sin importancia; lo que son las cosas… para la estadística, ayer la oreja fue para una faena sin importancia que hoy ya hemos olvidado y que estoy segura el propio torero, hombre serio e íntegro, reconoce su baja calidad al lado de la actuación de El Cid. En ese toro una faena bien empezada con la moda de los estatuarios, aseadita al hilo del pitón, ligando pases sueltos, perfilero, pero sin mando ni hondura, manoletinas finales para calentar al personal… oreja facilona. En el quinto nada de nada.

¿Lo demás de la tarde? Poco que decir después del barrido a todos del torero de Salteras. Sebástián Ritter, poco ducho, pasó sin pena ni gloria; toreo de maneras modernas, alardes sin emoción en el primero, toreo a las afueras y medroso en el sexto al que no supo qué hacer.

Pero da igual, ayer vivimos una tarde de las que no se olvidan. Toreo grande, el de verdad por el que merece la pena esta fiesta que muchas figuritas actuales se empeñan en hundir a base de vulgaridad y destoreo. El Cid ha vuelto y para los aficionados ha salido por la verdadera Puerta Grande, la que abre paso a la historia de la Tauromaquia.

 

Comparte esta publicación

Te Recomendamos