El craso público que acude hoy a los toros

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29 de mayo de 2015 | Escrito por Paco Ruiz | Fotografías de Constante

Vigesimosegunda corrida de la Feria de San Isidro. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Juan Pedro Domecq; devuelto el sexto y sustituido por uno de Parladé. Correctos de presentación, alguno novillote, noblotes y blandos en general. El sexto un novillo que se tapaba con una aparatosa cabeza. Segundo y tercero acudieron de largo al caballo.


Finito de Córdoba (nazareno y oro) -aviso-; estocada y dos descabellos (saludos desde el tercio con algunas protestas); pinchazo echándose fuera, estocada trasera y dos descabellos (silencio)..

Alejandro Talavante (grana y oro), cuatro pinchazos -uno pescuecero- y estocada baja (palmitas); dos pinchazos perdiendo la espada, estocada trasera y caída -aviso- (vuelta al ruedo).

Daniel Luque (marino y oro), estocada atravesada que hace guardia -aviso- y dos descabellos (oreja); pinchazo sin soltar -aviso- y estocada caída (palmas).


Presidente: D. Trinidad López-Pastor Expósito. Si es buen aficionado lo lamento por él al verse obligado a conceder la oreja ante la casi unánime petición del público, tras el infamante sablazo de Luque a su primer toro. Nada más.

Suerte de varas: dicho así es pura entelequia. Hemos pasado de los tiempos de las mil y una picardías que iban desde la “carioca” hasta la perforación integral, a los actuales en que almas sensibles se compadezcan del blando e indefenso animal y se lancen desde el primer encuentro con el caballo voces angustiadas pidiendo no se pique, algo a lo que en forma de simulacro atiende de inmediato el matador con su ¡vale, vale! y piquero. Esta tarde: puyazo trasero o caído sin apretar mucho y picotazo, ración por toro a la que estamos acostumbrados.

Cuadrillas: dos buenos pares de Juan José Trujillo de la cuadrilla de Talavante, correcta y sobria la brega de Antonio Chacón y más que notables los pares de los “Algabeño”, todos de la cuadrilla de Daniel Luque. Mucha vulgaridad en el resto.


Sí, craso, ignorante, indisculpable y espeso es este público que está acudiendo a los toros. Y cuido mucho de decir público y no afición. Pienso que Madrid es el lugar del mundo taurino donde existe mayor número de aficionados, pero si las cosas del toro siguen así, a la vuelta de muy poco, cuando ese grupo ya de por sí muy reducido vaya desapareciendo por ley natural, la plaza de Madrid quedará totalmente llena de ese público de aluvión y de ese terremoto marítimo que en su ignorancia y triunfalismo está arrasando y destruyendo esta nuestra querida fiesta. La plaza de Madrid en San Isidro es el mayor negocio del mundo cuando hasta hace relativamente poco nunca fue un negocio claro y la explicación de esta paradoja es muy sencilla. Antes, las taquillas se nutrían, primero de buenos y verdaderos aficionados y secundariamente del público en general que iba a los toros como a un espectáculo más. Hoy es exactamente lo contrario. Los aficionados apenas cuentan y sí una masa de gente que acude a un espectáculo transformado de una fiesta fuerte, tremenda, emocionante y magnífica en algo superficial, blandengue, bonita y si me apuran hasta de elegancia social.

Corolario: se quiera o no, tiene que haber una víctima que inmolar al totémico residuo pagano de nuestra fiesta; esta víctima ha acabado por ser -aunque ya lo es desde hace mucho tiempo- el aficionado a las corridas de toros, con todo lo que debe de tener de fiereza, de lucha entre poderes distintos, de ciencia de lidiar y de belleza, luminoso arte y norma clásica del toreo.

Y solo así se explica la oreja que ese público taurinamente zafio y enloquecido, pidió y fue concedida en aplicación del absurdo Reglamento de Espectáculos Taurinos en vigor, tras el espadazo atravesado que haciendo guardia asomaba y que Daniel Luque arreó a su primer toro. Y lo que es peor, el torero la paseó sin rubor alguno. Antes y al inicio de la faena con unos ayudados por alto el toro se lo llevó por delante y no lo mató de milagro. Derechazos cayéndose el animal, otra serie solo buena entre idas y venidas a la cara del toro sin ligazón alguna, más de lo mismo rectificando de continuo y apretando a correr, naturales vulgares en que se le cuela el toro y se cae, vuelve con la derecha y tirando la espada ejecuta esas llamadas ¿luquinas? que son enjaretados pases de alcayata (la denominación es mía) por lo contrahecho de la figura. A su segundo lo cita desde largo y aprovechando la embestida surgen muletazos largos, eso sí, hacia afuera, ligados unos, enganchados otros, rectificando los más y bueno…el toreo de hoy.

Brinda al público Talavante la faena a su primero, cae la montera boca abajo con el subsiguiente ¡bieeennn! de la clientela, toma al toro con dos tandas de naturales no malas, molinete y el de pecho. Otra serie con la derecha, cambio de mano, el de pecho, vuelve a los naturales, le engancha el toro la muleta, el ayudado y otra vez el de pecho. En fin…también faena de las de ahora. Vistosos los delantales rematados con la larga con que recibe a su segundo que como sus hermanos también se cae. Quita por gaoneras enganchadas y de rodillas comienza con la muleta, un pase, otro, otro, otro más y con la muleta a la espalda, ¿una arrucina?, ¿manoletina?, ¡la mangurriná!, diría usted, D. Joaquín. Y el público, loco, la afición cariacontecida. Naturales enganchados y agarrándose al costillar del toro, otros naturales al hilo y embarullados, la espaldina, las manoletinas y ¡ole, ole y ole! De no ser por el fallo a espadas en los dos toros éste se hubiera ido calle de Alcalá arriba.

Y Finito. Finito…no hizo nada. Solo la torería. Torería definida como maestría, gallardía, garbo, como gentileza y gracia en gestos y ademanes que acompañaron los dos redondos y trincherilla de ensueño con que empezó a torear a su primero. ¿Derechazos y naturales no despegados sino perfileros? Sí. Pero el buen gusto, la parsimonia, la estética sin requerir ningún esfuerzo, allí estuvieron. Y en este nuestro tiempo de tan manida globalización taurina de pases y más pases rematados con el consabido de pecho de pitón a pitón, qué quieren que les diga, es algo distinto. Los pases de la firma con que abrochó una serie, pues fueron diferentes a la vulgaridad hoy imperante y que de continuo se ve. Simplemente, la brega a su segundo toro para ponerlo en varas ahí quedó. Y con decirles que un vecino del asiento de atrás que había asistido en su vida a los toros lo que yo al Concilio Vaticano II, dijo: -este tío es diferente a los anteriores-, todo está dicho. Es verdad, me gusta Finito y además soy cordobés. Perdonen las molestias.

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