El esperpento, el fraude y la desfachatez hacen el paseillo en La

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23 Mayo 2013 | Escrito por Paco Ruiz | Fotografías de Constante

Decimoquinta corrida de la Feria de San Isidro. Lleno. Toros de Jandilla (segundo –devuelto y sustituido por un sobrero de Carmen Segovia, tercero y sexto) y de Vegahermosa (primero, cuarto y quinto) casi todos mal presentados por anovillados, mansos, descastados e inválidos; el de Carmen Segovia, además, impresentable de cabeza, mocho perdido y despitorrado del pitón izquierdo. ¿Hay quién dé más?


Finito de Córdoba, (gris perla y plata), aviso, bajonazo infamante –silencio-; puñalada a paso de banderillas al hilo de las tablas, pinchazo hondo echándose fuera que escupe y cinco descabellos –algunos pitos-

Morante de la Puebla, (púrpura y oro), pinchazo hondo que escupe y estocada casi entera –silencio-; pinchazo sin soltar, pinchazo que escupe, pinchazo hondo y descabello –ligeros pitos-

Miguel Ángel Perera, (grana y oro), aviso, pinchazo sin soltar y media estocada –petición y vuelta con algunos pitos-; estocada caída y aviso –silencio-


Dice el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, para que quede bien claro:

Esperpento: 1.Hecho grotesco o desatinado -2.Desatino, absurdo -3.Cosa extravagante y ridícula.

Fraude: Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.

Desfachatez: Descaro, desvergüenza.


Es decir y resumiendo: el esperpento significa desatino, ridiculez; el fraude supone engaño y la desfachatez es la falta de vergüenza, insolencia e impúdica ostentación de faltas y vicios.

Pues bien y para los que me lean, el resumen anterior es lo que abierto el portón de cuadrillas hizo el paseíllo y estuvo en el ruedo de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid de la mano de tres figuras, tres. De tres figuras de las de ahora, de las que exigen y salen con la tora, el animal tullido, feble y claudicante, despitorrados como uno de los de esta corrida, queriendo engañar a propios (bueno, a propios no, estos son los auténticos aficionados), pero sí a extraños, a esos que (y lo he visto y oído en lo que llevamos de este San Isidro) a la montera del torero la llaman sombrero, a las andanadas el gallinero, a los alguaciles los moros, a la taleguilla los pantalones, a los que aplauden con una atronadora ovación el certero golpe de puntilla, a los que montan la bronca al picador por sobrepasar las rayas circulares, a los que acceden al tendido, clavel en la solapa, armados de cubalibre y farias, a los de las empresas invitados por los contratistas y suministradores, a los que dicen que los del tendido del 7 son unos filibusteros y reventadores…Pero hacen bien estos mal llamados diestros si este es el reto que tienen en prácticamente todas las plazas. Si uno de ellos, sí Finito, tiene ya firmadas con Simón Casas un puñado de corridas, asegurado toro chico, tontorrón e inválido, euro grande y público ignorante. Si al otro, sí Morante, lo llevamos aguantando ya dos tardes con más de lo mismo, es decir nada y por si fuera poco le repiten en la próxima Corrida de Beneficencia, estándole ya preparando como culminación de temporada las seis borregas a lidiar en la Goyesca de Ronda. Entonces para qué esforzarse; a cobrar y a seguir engañando hasta la próxima porque seguro que esta Empresa para mayor desprecio del aficionado les repetirá sin el menor pudor.

Y al hilo de lo que al principio decíamos, fueron esperpénticos los simples picotazos en varas, los puyazos traseros, los perpetrados en el espinazo para rectificar después, alguno que otro pescuecero, otros en la paletilla, uno más al relance…Solo un puyazo cayó en su sitio, pero eso sí, sin privarse el piquero de tapar al toro la salida. La antología y el paroxismo del disparate en la suerte de varas. Y extravagante y ridículo era ver cómo los pobres animales, tullidos totales, perdían manos en los lances de recibo, manos y cuartos traseros a la salida del caballo, en la muleta de su matador y doliéndose a la salida de banderillas. Vamos, el segundo, primero de lidia de Morante se fue cuatro veces al suelo en los primeros capotazos de este llamado diestro, muy aplaudidos por cierto a pesar de la absoluta falta de calidad, y dos más en los de su subalterno Carretero. Y con esto es con lo que viene y quiere esta gente: nada del toro con poder, nada de casta, nada de fiereza, nada de presencia, nada de emoción y nada de lo que diferencia al auténtico toro de lidia de las birrias salidas hoy por la puerta de chiqueros. ¡Ah! y todo ello con el acuerdo de ganaderos, empresarios, apoderados y por supuesto de la Autoridad competente. La ruina de nuestra fiesta.

La mentira, el fraude y la desvergüenza corrieron a cargo de Finito y Morante. El primero de Finito, toro de las figuras, tonto de capirote, se le cae en la muleta, lo pasa sin más, no se coloca, tras muletazos insulsos, deshilvanados, mantazos más bien, lo toma con la izquierda y repite lo mismo. En su segundo, más que paquete un borrico, rajado desde el principio, nos quiere transmitir que quiere con vueltas y más vueltas en la cara del toro pero que el aire se lo impide. ¿Coartada?; no, mentira. En su descargo, dos muletazos soberbios de gran plasticidad de los que no vemos a menudo y el lance a una mano con el capote, superior.

A Morante, después de devolverle su primero le sacan el sobrero de Carmen Segovia. Y aquí, el esperpento en el toro y el fraude y desfachatez en el torero. Aquél de cabeza vergonzosa, pitones de eral, despitorrado del izquierdo, mocho, al salir del primer puyazo se le cae la vaina del pitón que un peón se apresura a recoger y esconderla, en fin…Y llega éste, coge la muleta, los de siempre expectantes, quiere aparentar que torea, los mugidos del toro se oyen en la Puerta de Alcalá, va y al finalizar una serie de muletazos se le cae despanzurrado y la gente ¡horror!, le aplaude por lo que continua empeñado en pasar y pasar al esperpento. Y como no teníamos bastante pues más de lo mismo en su segundo que continuamente pierde las manos, se estira con eso en naturales vulgares y se marcha diciendo luego en los medios informativos que se va satisfecho y que en Madrid echan los toros muy grandes. ¡Tener que oir esto!. También en su descargo, una media verónica extraordinaria en el quite al segundo toro de Finito.

Perera lo intentó al menos aunque connivente con el fraude. Le tocó en su primero al más presentable del encierro sin ser tampoco ninguna cosa. Rodó a la salida del primer puyazo, perdió los cuartos traseros en el capote del torero y volvió a caerse en los muletazos de comienzo de faena. Pierde de inicio Perera el capote y los siguientes lances a pie juntos resultan aceptables. Tras la primera vara el inevitable quite por gaoneras que hacen furor en los que ya sabemos. Esta feria se aplauden más y mejor el montón de chicuelinas y gaoneras vistas, todas de vulgaridad extrema, que el natural más profundo y rematado. Aceptable serie con la derecha, algunos, pocos, naturales buenos intercalados con otros vulgares culminando con el de pecho, eso sí, de pitón a pitón. ¿Qué cómo acabó?. Por supuesto, con jaleadas bernardinas también inevitables en este San Isidro. Y después, vuelta al ruedo. Brinda al público su segundo con el mal gusto de irse a poner la montera boca abajo encima de la raya exterior y ese gesto, ¡se aplaude!. Derechazos y naturales perfileros al hilo del pitón, algunos de buena estética pero, claro, con semejante técnica un engaño.

Lo peor de todo es que esto es lo que hay. Total y absoluta falta de afición de un público festivalero no aficionado acudiendo a la plaza porque hay que ir a los toros en San Isidro presumiendo de entender pero que no diferencian capote de muleta, aplaudiendo a Morante nada más abrirse de capa sin haber iniciado un capotazo, a Perera , por alto y guapo y a Finito por lo feliz que se le ve en su estado matrimonial. Falta de afición y de vergüenza del ganaduros -perdón, ganadero-, de los toreros, de los empresarios al servicio de las figuras buscando única y exclusivamente su beneficio, falta de afición y conocimientos de la Autoridad que preside y falta de afición y amor, al fin, de todo el estamento por nuestra fiesta caminando a este paso por el camino de la perdición.

Es para pensárselo, el sentido trágico de nuestra querida y hermosa fiesta de los toros se está dando con una estética absolutamente deformada por parte de todos sus componentes llevándolo a una realidad grotesca que alcanza su máxima expresión en las actuales llamadas figuras del toreo, que pudiendo ser héroes de una tragedia se han convertido en antihéroes en aras de la vulgaridad, de la mentira y del engaño.

 

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