El fortísimo viento destrozó una novillada potable

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15 Abril 2012 | Escrito por Mario de los Reyes Muñoz. | Fotografías de Constante

Novillada con picadores. Seis novillos de Juan Antonio Ruiz Román, aseados de presencia para un coso de la categoría de Madrid. De juego: 1º) descastado en el caballo donde no se empleó, en la muleta el animal fue desrazado y descastado, no decía mucho a los tendidos, aunque iba y venia con cierta bondad y clase; 2º) descastado en el caballo, donde no se terminó de emplear, en la muleta el animal fue bastante descastado, desrazado, decía muy poco a los tendidos; 3º) descastado en el caballo, donde no se terminó de emplear, mucho desorden, con el animal muy a su aire en los primeros tercios, en la muleta el animal al principio medio se dejaba aunque nunca se terminó de emplear, aunque al final de la faena se empezó a quedar un poco corto en su recorrido y a salir un poco distraído de los muletazos; 4º) le dieron muchísimo en varas, en la muleta tenía nobleza, calidad, con posibilidades para el lucimiento y permitir el lucimiento del novillero; 5º) descastado en el caballo, donde no se terminó de emplear del todo, en la muleta fue encastadito y no se lo puso fácil al novillero; 6º) en el caballo medio cumplió ante los dos fortísimos puyazos que le dieron, en la muleta iba y venía y medio se dejaba por el pitón derecho, pero no lo pudimos ver por el fuerte viento que soplaba, que hacía casi imposible dar un lance.


Alberto Duran: (grana y oro), palmas y saludo.

Raúl Rivera: (blanco y oro), silencio y silencio con dos avisos.

Conchi Ríos: (lila y oro, lazo rosa), silencio con aviso y silencio.


Tercio de varas: a los animales se les dio bastante en varas, en ningún momento se les midió aliviándoles el castigo. El picador que salio en sexto lugar Antonio Jesús Aspresa, mató al novillo en el caballo, masacrándolo con el permiso presidencial.

Presidente: Don Ángel Trinidad López-Pastor Expósito. Debe cuidar el tercio de varas, no permitiendo las masacres de algunos novillos que se han producido en el caballo, como ha sucedido en el quinto y sexto.

Público: en tarde desapacible, con muchísimo viento y frío a pesar de ser soleada, menos de un cuarto de plaza.


Como los aficionados ya sabemos, el viento es el peor enemigo de los toreros, ya que provoca que les mueva la muleta mientras torean y les descubre por completo. Esto, en ocasiones, los diestros lo suelen solucionar, mojando tanto muleta como capote, para que pesen más y de esta manera se muevan menos los trastos, pero con las fortísimas ráfagas que hoy corrían en Madrid, no servía ni con esto. A la salida del coso y en diferentes corrillos de aficionados volvía a surgir la idea de cubrir o no el coso venteño. Y como siempre sucede, hay gente partidaria y hay también detractores. Y un punto que, desde mi más humilde punto de vista, ayer resulto anecdótico es que ningún mozo de espadas tiró los papelillos al ruedo para saber cuáles eran los terrenos de la plaza donde menos viento corría. La novillada de hoy, a mí personalmente, me hubiera gustado verla sin el fuerte viento que ha soplado. Ya que, a pesar de que algunos novillos tuvieran un poco falta de casta, otros se movieron y podrían haber permitido el lucimiento de los tres jóvenes espadas. Tanto por el viento de la tarde y porque todavía son novilleros y se encuentran un poco verdes, la terna nunca se terminó de sentir a gusto delante de los novillos de Espartaco. Desde mi punto de vista, un dato: lo más interesante de la tarde lo vimos en el cuarto novillo, cuando el viento nos dio una tregua.

Abría cartel el novillero de Zamora, Alberto Durán. Con su primero, descastadito en el caballo, donde no se terminó de emplear, en la muleta el animal medio se dejó con posibilidades, con cierta bondad y calidad, pero para mí le falto un puntito más de la chispa que se requiere en Las Ventas. Alberto nunca lo terminó de ver claro, dándole siempre salida para afuera al final de cada lance, llevándolo a media altura y sin bajarle nunca la muleta. Estuvo dando una gran cantidad de muletazos, pero éstos no llegaban a los tendidos. A Alberto también le eché en falta el poner la chispa que le podía faltar al novillo. Al matar a su oponente de una estocada entera, un poco trasera de colocación, hubo una leve petición de oreja de sus paisanos, a los que se unieron un grupo de “guiris” pero, gracias a Dios, la presidencia no hizo caso de tal petición.

Al cuarto de la tarde, Alberto lo recibió con unos muy buenos lances a la verónica, ganando terreno a los medios del coso, dio lances templaditos y de calidad y lo remató con dos buenas medias verónicas. En el caballo, al animal no se le dio casi nada, porque no estaba sobrado de fuerzas. En la muleta se dejó con mucha bondad y calidad, era un magnifico novillo que permitía el lucimiento del novillero. Alberto le dio algunos lances templaditos y de calidad pero, desde mi punto de vista, nunca se terminó de cruzar, estando al hilo del pitón. Aparte, estuvo un poco con la muleta retrasada, sin aprovechar el viaje que tenía el novillo. Para mi, Alberto debía haber estado muchísimo mejor de lo que lo hizo con este gran novillo que tenia delante. Finalizó su labor con unos ayudados por alto para cerrar y cuadrar a la res. Con los aceros, antes de dejar una estocada entera un poco trasera de colocación, pinchó en dos ocasiones. El novillo se fue al desolladero con una fuerte ovación y las dos orejas puestas.

El segundo del cartel era el toledano Raúl Rivera. El segundo novillo de la tarde fue descastadito en el caballo, donde no se empleó nada. Y en la muleta iba y venia con cierta bondad y calidad, pero para mí le faltaba casta. Raúl le banderilleó sin decir gran cosa y aliviándose, clavando un poco a novillo pasado. Con la muleta, Raúl nunca terminó de llevar toreada a la res, limitándose a acompañar las embestidas, colocado muy fuera de sitio, eso sí, bastante bullidor y con enormes gestos de cara a la galería. El novillero toledano no quiso exponer nada ante un novillo noble y con calidad. Lo mató de un pinchazo, una estocada entera un poco trasera y lo remató con dos golpes de verduguillo.

El quinto fue un animal encastadito, aguantando los innumerables trapazos y capotazos de más que le dieron en los primeros tercios. Con la muleta Raúl tuvo muchísimas dudas y miedo, no viéndolo claro en ningún momento, ni encontrando nunca los terrenos de la plaza donde debía hacerle faena a un animal con casta. Pero el novillero toledano no nos quiso mostrar al novillo que tenía delante y aunque también condicionado por el viento que soplaba se fue a por la espada. Le recetó dos pinchazos saliéndose de la suerte, después dejaron al novillo solo, que se marchó por su cuenta a los terrenos de chiqueros y allí lo remató con un descabello.

La tercera del cartel era la murciana Conchi Ríos, a la que yo personalmente hoy la he visto con muchísimo miedo y dudas y me gustaría no pensar mal diciendo que lo del año pasado en el mes de julio fue flor de un día. Su primero fue un animal al que se le realizó una pésima lidia en los primeros tercios, con innumerables desarmes de capotes. En el caballo no se empleó nada, a pesar de que estuvo mucho tiempo debajo del peto y le dieron unos puyazos bastante fuertes. En la muleta iba y venia, medio se dejaba, pero exigía que lo llevaras toreado y sometido, no limitándose a acompañar las embestidas, como realizó la murciana. Además, al final de la faena se comenzó a quedar más corto en su recorrido y comenzó a salir ya un poco distraído de los lances, queriéndose marchar. Conchi pasó muchísimo miedo, sin confiarse en ningún momento y para mí la murciana debió estar mejor, le perdió mucho pasos después de cada lance y no lo llevó toreado en ningún momento. Aparte, con los aceros estuvo muy mal, porque dio un bajonazo infame, los banderilleros sacaron la espada y la novillera remató con tres golpes de verduguillo.

Al sexto le masacraron en el caballo, ya que le dieron hasta la extenuación. A pesar de ello, en la muleta por el pitón derecho medio se dejaba, pero no pudimos ver la plenitud del novillo por la desconfianza de la murciana y el fuerte viento que soplaba y el frío que hacía. Y concluyo insistiendo en que tanto a este novillo como al resto me hubiera gustado verlos sin el fuerte viento que sopló toda la tarde y que imposibilitó el lucimiento.

 

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