El público manda

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15 Agosto 2013 | Escrito por José Barranco | Fotografías de Constante

Seis toros de Montalvo. Varios encastes en la línea de Juan Pedro Domecq.

1º.- Cortador: En la primera vara mostró fijeza aunque no fue castigado. En la segunda entrada fue picado trasero y tampoco fue castigado. Salió suelto de la pelea. Buen toro aunque blandeó.

2º.- Sacristán: En la primera vara el piquero rompió la pica y no se vio el comportamiento del toro. En la segunda entrada el piquero se limitó a marcar el castigo. Aunque mostró gotas de mansedumbre cumplió en varas en lo poco que se le vio, ya que debería haber entrado de nuevo al caballo.

3º.- Alcaravano: En la primera vara el piquero se limitó a marcar el puyazo y el animal cumplió. En la segunda entrada escarbó y tampoco fue castigado. Manso con algo de casta.

4º.- Delator: Hizo una fea pelea en el caballo en la primera vara. La segunda prácticamente no existió. Manso, descastado y escaso de fuerzas.

5º.- Cantor: Entró al caballo suelto, el astado apretó pero no fue castigado. En la segunda vara entró al relance y el piquero se limitó a marcar el castigo. Acudió de nuevo suelto al caballo, poniendo en evidencia a la cuadrilla que fue incapaz de parar al toro de salida y después colocarlo en suerte. Así están los de luces. El toro manso y descastado.

6º.- Rodillero: En la primera vara se dejó pegar, pero salió suelto. En la segunda vara fue picado trasero y volvió a salir suelto. Manso y descastado.


ALBERTO LAMELAS: Blanco y oro. Confirmó alternativa. Pinchazo sin soltar y estocada caída. Aviso. Aplausos que recoge desde los medios. Bajonazo de escándalo y “su público” se permitió la osadía de solicitar al presidente la oreja. Vuelta por su cuenta.

JUAN DEL ÁLAMO: Azul y oro. Estocada contraria entrando como un cañón. Oreja. Pinchazo sin soltar y estocada contraria y perpendicular. Saludos.

LÓPEZ SIMÓN: Azul y oro. Aviso. Pinchazo en los bajos, pinchazo bajo y atravesado y descabello. Aplausos benevolentes. Estocada baja que vale. Aplausos de sus incondicionales.


Presidente: D. Justo Martínez Moreno: Se limitó a hacer cumplir el reglamento. En el segundo, tercero y cuarto de la tarde se precipitó en el cambio de tercio en la suerte de varas. D. Justo, para sentarse en el palco hay que reunir dos condiciones: hacer que se cumpla el reglamento y la segunda, aún más importante, tener afición.

Cuadrillas y otros: Alberto Lamelas fue empitonado por el toro de su confirmación, recibiendo una cornada en el escroto y aunque acabó con su enemigo tuvo que retirarse a la enfermería. Se corrió turno y el torero jienense reapareció en el sexto. Se lucieron en banderillas Fernando Téllez en el primero, Pablo Saugar “Pirri” en el segundo, Juan Navazo en el sexto y César del Puerto en el quinto. En el segundo par, éste último fue arrollado por su enemigo y se libró de la cornada de milagro. Su matador López Simón tuvo el detalle de brindarle el toro. Niño de Santa Rita estuvo muy oportuno en un quite durante la ceremonia de confirmación de Alberto Lamelas, al hacer hilo el toro hacía donde se encontraban los toreros.


Ayer salieron a la arena de Las Ventas tres toros que en manos de toreros con ambición de triunfo hubieran hecho crujir los cimientos de la plaza. Pero hoy todo se hace al revés y así lo interpreta el público que asiste a estos espectáculos. Ellos pagan, ellos mandan. A Juan del Álamo se le vio con sitio en su primero, pero el aficionado se quedó con ese sabor agridulce que deja el haber perdido una ocasión de triunfo grande. Estuvo muy torero en los primeros lances de recibo con la muleta, sometiendo al toro por bajo y también en los remates finales, pero a su toreo le faltó hondura, interpretándolo al revés, sin cruzarse, sin cargar la suerte y aprovechando el viaje de su enemigo. Es el llamado “toreo barato”. El segundo de su lote fue un animal de distinta condición, que no le permitió lucirse ya que le costaba tragarse los muletazos. A pesar de ello, en los primeros compases de la faena metió la cabeza con clase en la muleta, pero el torero no lo aprovechó. Según avanzaba ésta el toro fue perdiendo recorrido y el torero tuvo que recurrir al arrimón, muy de moda en la actualidad, para intentar calentar a un público que valora mucho estos detalles.

Alberto Lamelas fue herido en el toro de su confirmación, pero el torero siguió toreando hasta despenar a su enemigo. Al principio de faena lo recibió con unos muletazos muy templados. El toro surcaba la arena con el hocico, pero no anduvo muy sobrado de fuerzas. A pesar de esto el torero no supo aprovechar la bonanza de su enemigo en los primeros compases de faena, mostrando sólo maneras. Al natural le faltó mando y tirar del toro, a eso lo llaman torear y este producto, al parecer, debe estar muy caro en el mercado, tanto que ni las figuras lo quieren comprar. En un descuido quedó al descubierto y el toro le enganchó, hiriéndolo en el escroto; a partir de aquí, el burel comenzó a defenderse. El jiennense tuvo la honradez de terminar con su enemigo. La faena a su segundo, corrido en sexto lugar, estuvo llena de vulgaridad, pero siendo honesto, con la cornada que llevaba el torero, sería de mal talante hacer una valoración precisa de su actuación. Suerte, torero y a recuperarse.

Por su parte, López Simón interpretó mal su papel, quizá pensó que estaba en Benidorm, con todos mis respetos a los aficionados de esta ciudad costera. En su primero comenzó la faena con una larga serie de hinojos, que fue muy jaleada por un público que interpreta de esta manera el toreo. Cuando se puso de pie y siguió la faena, el aficionado pudo comprobar que en cualquier momento iba a llevar a cabo el salto de la rana. Menos torear, el torero lo intentó todo. En un descuido dejó abierta la ventana entre su cuerpo y la muleta y el toro se lo echó a los lomos. Tuvo mucha suerte de salir ileso del trance. A su segundo lo recibió con un pase cambiado citando de lejos. A continuación intentó el toreo en redondo sin descomponer la figura, lo cual ya era un mérito, pero le faltó rematar los muletazos. A falta de esta virtud, terminó ahogando la embestida de su enemigo y al no conseguir que el toro pasara tiró del recurso del arrimón, llegando a la temeridad. Otra vez será, torero.

 

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