Entre cabras y cabrones

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11 Mayo 2010 | Escrito por Diego León | Fotografías de Constante

Novillada con picadores. Con tres cuartos de entrada se han lidiado cuatro impresentables sardinas de Carmen Segovia y dos novillos de Torres Gallego. Fueron flojos, mansos y descastados 1º, 2º, 3º y 5º. Cuarto y sexto, de Torres Gallego encastados. Nombre de los novillos: Botinero, Flor de Romero, Nervioso, Gibraltareño, Actriz y Don.


TOMASITO: Estocada caída y delantera (silencio). Pinchazo y una media (silencio).

JUAN DEL ÁLAMO: Estocada desprendida, trasera y tendida. Oreja. Un pelín trasera (saludos).

MIGUEL DE PABLO: Cinco pinchazos y cinco descabellos un aviso (silencio). Desprendida (silencio).


Presidencia: don César Gómez. Actuación nefasta al permitir saltar al redondel semejantes animalejos, rematando la jugada con oreja de regalo.

Tercio de varas: sólo destacaron el francés Jacques Monnier y dando de lo lindo Antonio Muñoz, los demás a sueldo tirado.


Hoy podemos dejar a un lado la tauromaquia para centrarnos en el mundo del circo que, según mi criterio, nos ofrece más diversión. Para justificar mi atrevimiento a tan grave desprestigio que estamos haciendo de la fiesta - y digo estamos porque me incluyo al ser colaborador de dicho espectáculo por contribuir pagando mi localidad- puedo atestiguar que en el redondel hubo un subalterno que a muchos hizo reír y a mí llorar, un ganadero que nos trajo cuatro sarnosas cabras, un presidente incapaz de diferenciar el ganado vacuno del ganado caprino, una empresa en empeñarse en decir que esto es el circo y por último el público, a ratos con humor, a ratos encabronado.

Siguiendo con el hilo de la cuestión empezaremos con la primera cabra esquelética que le toco a Tomasito. Poco se pudo picar a este animalejo, puesto que más que respeto daba pena. Estuvo también el chico a la deriva y desacertado, aunque con voluntad. Se lo sacó a los medios pero entre el viento y la poca emoción que tenía el esperpento poco pudo hacer. Con su segundo novillo tampoco pudo hacer nada. Su apoderado (y también subalterno) François Leal se lo desgracióo con un serial de mantazos, trapazos, latigazos y vaya usted a saber.

La primera cabra de Juan del Alamo apenas se pudo picar, al no encontrar un buen lomo donde atinar y topándose con un saco de huesos. El novillero no estuvo del todo mal, sacó algunos derechazos y algún natural, pero abusando de la mala colocación. Cortó una orejita pero, como casi siempre, nos faltó toro. En su segundo arriesgó más con el sarnoso, un animal que se fue sin picar, llevándose un topetazo. Un animal que embestía con la cara alta y a tirones. Salió a saludar al final a instancias de la cuadrilla.

El primer esqueleto que le tocó a Miguel de Pablo tenía el nombre de Nervioso. En mi opinión creo que este sustantivo le viene mejor al novillero más que al novillo, no sé si por el miedo o por los nervios de tal responsabilidad. Como sus cabras hermanas se fue sin picar y ya, en el último tercio, el novillero estuvo a la deriva, mal colocado y con mucha desconfianza, dándonos un recital con la espada. En su segundo, un señor novillo de Torres Gallego, permitió que se lo mataran en el caballo, recibiendo el animal dos enormes puyazos y aun así el animal siguió embistiendo. Hizo toda la faena con el pico y totalmente fuera de cacho, pero un poco más confiado.

Resumiendo la cuestión, hubiese sido más lógico suspender esta novillada por falta de toros que la que se suspendió antes de la feria por culpa de la lluvia, aunque luego no llovió. Claro que en la anterior se habían vendido sólo unas trescientas entradas y en ésta habían pagado ya todos los abonados. El negosi es el negosi.

 

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