Esto es el futuro

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28 Abril 2013 | Escrito por J. Barranco. | Fotografías de Constante

Novillada con picadores. Sexta de la temporada. Guadaira. Encaste: Jandilla. El quinto fue devuelto por inválido y en su lugar salió un sobrero de Julio García, encaste Fuente Ymbro.


Rafael Cerro: Blanco y oro. Estocada baja y tendida, aviso. División de opiniones. Pinchazo y estocada. Vuelta al ruedo de la cuadrilla tras ser corneado y trasladado a la enfermería.

Tomás Campos: Azul pavo y oro. Estocada contraria tras aviso. Saludos. Estocada saliéndose de la suerte, aviso y cuatro descabellos. Silencio.

Brandon Campos: Azul pavo y oro. Estocada contraria tras aviso. Saludos. Estocada saliéndose de la suerte, aviso y cuatro descabellos. Silencio.


Presidente: D. César Gómez Rodríguez. Devolvió el tercero después de jugar a empresario y casi causó la indignación de los espectadores. Supongo que alguien en el palco debió decirle: D. César, no tome el pelo a los aficionados y entonces, sacó el pañuelo verde, pero sus intenciones eran otras, y como casi siempre, en la línea de favorecer a la empresa.

Suerte de varas: Los tocados por el castoreño no tienen perjuicios, pican donde cae la vara y se marchan de la plaza tan ufanos montados en el mastodonte. Da igual que caiga trasera, en el brazuelo, en la paletilla, hasta el rabo todo es toro. Pero los aficionados conocen que cuando pican en las tientas no les vale este fraude. Después se indignan cuando los aficionados exclaman: “Que malo eres, picador”, y les hacen un mal gesto a los que les exigen que hagan bien su trabajo. Esto para ellos se ha convertido en una norma y al parecer nadie quiere salirse de ella ya que los compañeros le pueden llamar esquirol. A los aficionados, que les den, bastante tienen ya con la vulgaridad. El quinto fue el único novillo que se dejó pegar, los demás mansearon y los piqueros no los castigaron, convirtiendo esta suerte en un simulacro.

Cuadrillas y otros: Tanto los toreros como los subalternos no saben o no quieren aprender a parar los toros de salida. Debe ser difícil esta tarea, como también debe ser complicado parear ganándole la cara al toro. O es menos expuesto colocar los rehiletes a toro pasado, al sobaquillo, o tirar las banderillas al novillo y que caigan donde quieran, y a continuación salir corriendo como si en la carrera les fuera la vida en busca de la confortable barrera. Esto es práctica habitual. Ayer hubo solo intentos por parte de algunos rehileteros: Montoiú, Jaro, los Pirri, tanto Pablo como Víctor, se limitaron a cumplir el expediente. ¿Tan peligroso fue el ganado? No. La novillada estuvo muy bien presentada, y podía haber pasado por una corrida de toros, pero su juego en el caballo fue decepcionante. El Tercero bis, derribo, pero fue un espejismo, ya que todo lo que sacó después fue mansedumbre como toda la novillada, con el añadido de la escasez de fuerza, pero a pesar de la nobleza que demostraron, los piqueros no perdieron la oportunidad de taparles la salida en cuanto tuvieron ocasión.


Como decía, la novillada podía haber pasado por una corrida de toros, y casi me atrevería a decir que los veedores de muchas figuras la hubieran rechazado por exceso de trapío. Estas son las peculiaridades de la fiesta y no hay nadie que se atreva a cambiarlas, ya que está formada para que tenga cabida la corrupción y nadie pueda evitarlo. Salieron novillos con unas defensas impresionantes y daba pavor ver a Rafael Cerro jugársela a portagayola en sus dos enemigos. Su primero se le paró y no quiso pasar por el engaño que le ofrecía el torero y en su segundo, tuvo que quitarse de enmedio para evitar la cogida. El primero de su lote un manso con algo de casta y no pudo con él, lo arrolló al segundo muletazo sin consecuencias. Por el pitón izquierdo el novillo se tragaba los muletazos, pero el torero no sacó a relucir el mando que requería su enemigo. En su segundo, un mansote, no llegó a meterlo en la muleta, salvando una serie de redondos que estuvo muy dispuesto. Al natural no llegó a tomarle la medida y al final recurrió al arrimón para levantar el ánimo de los espectadores. Después de entrar a matar y cuando el novillo estaba herido de muerte, en un acto temerario se metió entre los pitones recibiendo una cornada en el escroto. Se lo tuvieron que llevar a la enfermería en los brazos de sus compañeros. Esperemos que se recupere pronto.

El primero de Tomás Campos no se le vio en el caballo, fue un novillo que en la muleta sacó nobleza pero con poca fuerza. Lo recibió por estatuarios, continuando con redondos al hilo del pitón. Dio una serie de naturales pero sin cruzarse, metiendo el pico y sin ligazón, modificando terrenos en cada muletazo. Su segundo enemigo en cuanto lo sometía con la muleta perdía las manos, terminando la faena en tablas que era su querencia dada su condición de manso.

El primero del mejicano Brando Campos fue devuelto a los corrales y en su lugar salió un sobrero de Julio García, el cual unido a su mansedumbre sacó algo de casta. El torero trató de fijarlo con unos muletazos por bajo, pero a partir de aquí fue desbordado por su enemigo y el torero no encontró en su muleta el temple para dominarlo. En su segundo más que una muleta llevaba en la mano una tralla, con la cual se limitó a dar trallazos al invalido, noble y con algo de casta, sexto de larde, que llegó a meter la cabeza en la muleta con una nobleza que asombró a todos menos al torero, que no supo entender a su enemigo. Lo arrolló sin consecuencias porque se empeño en torear colocándose en la oreja, y cuando un animal de esta raza saca algo de casta no permite esa osadía. Ese lugar es abonado para las figuras que torean toros ovejunos. Al final de la faena intentó adornarse con unas manoletinas y terminó siendo arrollado de nuevo sin consecuencias. Según transcurría la tarde el frio se hizo cada vez más intenso y los espectadores reclamaban el final del espectáculo casi con compasión.

 

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