Esto no termina hasta que no canta la gorda

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Plaza de toros de Las Ventas, feria de San Isidro. Festejo del 16/06/2019 con toros de Santiago Domecq -

16 de junio de 2019. Trigésimo tercera corrida de la feria de San Isidro. Corrida de la Prensa. Lleno de no hay billetes. Toros de Santiago Domecq, de procedencia Juan Pedro Domecq y Diez, y Torrestrella. Dispares en sus hechuras y variados en sus pintas y capas. Todos ellos -quien más, quien menos- con posibilidades para triunfar en el tema orejero. El primero noble, aunque suelto al final del muletazo. Huidizo pero manejable el segundo. Tercero con clase, pero sin terminar de romper, el cuarto fue el más soso de todos. El quinto protestado de salida sin mucho que decir, y un sexto con cierta transmisión que se vino a menos en el último tercio tras tres puyazos y cuatro pares de banderillas. Primero, segundo, tercero y sexto ovacionados en el arrastre.


Presidente:  Trinidad López-Pastor Expósito. Pasó desapercibido durante toda la tarde, que a estas alturas es lo mejor que le pueden decir a uno.

Tercio de varas

1º Tomillito, 602 kg, colorado chorreado en verdugo: cobra una muy bien tirada primera vara, gazapeando se deja llevar en una segunda de trámite,  

2º Tormentoso, 538 kg, negro salpicado, trasera la primera vara por Ángel Rivas, y dosificando el castigo. Trasera también la segunda, y testimonial también dicho encuentro.

3º Coronel, 584 kg, negro listón, empuja con ganas en el primer puyazo, en el cual le tapa la salida Juan Carlos Sánchez. La segunda sin colocar en suerte, como al relance, le marcan arriba sin más.  

4º Ventero, 556 kg, sardo, buen puyazo, pero sin meter las cuerdas, mas la segunda vez que acude se escupe de la suerte.

5º Monarca, 574 kg, castaño, traserísima la primera vara, y a la segunda acude, pero ni se emplea ni hay pelea.

6º Zahareño, 557 kg colorado chorreado en verdugo. Fue pronto al caballo en la primera vara, pero fue breve en el peto. Pero lo mejor vendría en la segunda ¡y tercera! vara. Desde el tercio, sin citarle, acude como poseído por el diablo Zahareño al kevlar del aleluya que monta Manuel José Bernal, y tras un espectacular derribo de latiguillo del que sale indemne, Bernal cree ya se había cambiado de tercio, pero Trinidad no saca el pañuelo, y aún pudimos ver una tercera vara. Puesto de nuevo en suerte por El Fandi más allá de las dos rayas, toreando garbosamente a caballo Bernal, que del nueve me voy al seis, y del seis vuelvo al siete ahí y cito y levanto la vara, todo de un modo paciente y amasando el encuentro, es entonces cuando se embala sin condiciones Zahareño hasta el negociado del peto, propiciando el momento más inesperadamente emocionante y lúcido de la tarde.

Cuadrillas: se lució José Antonio Carretero en la brega del tercero y Manuel José Bernal, como ya se ha dicho, se llevó la ovación de la tarde en el sexto.


Se dice que hasta que no canta la gorda no se acaba la ópera, y todos estábamos esperando a que la gorda de esta tarde, que no era otro que Pablo Aguado, saliese como una soprano de la enfermería del doctor Padrós, como el epílogo a esta travesía por el desierto que han sido 34 días y 500 noches de toros ininterrumpidos en Madrid. Aguado, de sangre de toro y oro, volvió a hacer de las suyas, como el día de Montalvo, esta vez con su primero, de nombre Coronel. Cuando lo recoge ya en la muleta en los terrenos del diez y se lo saca a los medios andando, como el tío de legión que lleva la cabra, y le saca dos tandas como de tanteo, siempre erguido y tieso, ahí ya sabe Aguado que Madrid lleva un mes esperándole, y que sólo puede cambiar la moneda el que la tiene, y Aguado más que una moneda que cambiar tiene un cheque en blanco ahora mismo en esta plaza. Luego ya engarza otras dos series de pura fantasía, de compás mínimamente abierto, estaquillador por el centro, y el advenimiento de un toreo casi difunto que vuelve la plaza del revés. Pepe Luis en las muñecas. El torito, como sus hermanos, está siempre lindando entre el puntito de casta que desarrolla en los cites y embroques y una tendencia a huir y desentenderse al salir de las suertes. Si bien la intensidad y el fulgor no llegan al de la última actuación al haber menos encaje, la mera resurrección de otra forma de hacer el toreo, las series de tres y uno de pecho obligado, la silueta incorrupta en cada ademán de sus maneras, sólo con eso sabemos que el toreo difícil es el puro, que lo caro es lo que hace éste. Y al final, imperialmente genuflexo traza Aguado un cambio de mano y lo ensarta con un pase cambiado que todavía no ha terminado. Pero al entrar a matar una vez más vemos que ni por asomo es el punto fuerte de Pablo, y tras no vacía del todo la suerte este Coronel le empitona, lo que impide salir en su segundo toro, y mermando sus condiciones para, con su falta de pericia, hagan de la suerte de matar un sainete que se resume en un pinchazo, una estocada atravesada, cinco descabellos, dos avisos, y dos puntillazos. Tras la ovación al arrastre de Coronel marchó Aguado entre palmas a la enfermería, y ya no volvimos a verle.

David Fandila "El Fandi", de berenjena y oro, cortó el año pasado 106 orejas y 9 rabos. Nada de eso ocurrió en Madrid, y de suceder alguna vez hoy era el día, cuando más de la mitad de los asistentes eran públicos de otras plazas más acostumbrados a la (respetable, ojo) Tauromaquia más bullanguera y, cómo podríamos decirlo, más triatleta de Fandila. Hoy David pechó con tres toros, los de su lote y el último que correspondía a Aguado, Zahareño, que a la postre (¿quién nos lo hubiese dicho al inicio?) y gracias al propio Fandi, que quiso intentar otros registros en este toro ajenos a su día a día- nos han brindado la posibilidad de presenciar si no el mejor uno de los más recordados tercios de varas este año en Madrid. Dio todo Zahareño en el primer tercio y eso unido a la exigencia extra en banderillas por parte del matador (pidió permiso a la presidencia para un cuarto par) hicieron que el chorreado en verdugo se fuese apagando en la muleta como el pábilo de un gran cirio. Sin motor a la muleta, sin pasar, paradito. Aun así, y tras dos y una estocada entera algo caída hacen que sea ovacionado en el arrastre.

El que abrió plaza, Tomillito, también sirvió para el despliegue muletero. Empujaba hacia delante, sin llegar a romper, pero se distraía sin remisión entre pase y pase. Sin fijeza no hay paraíso, como dice uno que yo me sé. Y éste repetía y repetía, pero nada de lo que intentó El Fandi fue macizo o quiso serlo. Brindó al público y ya principió de rodillas Le aguantó el viaje Tomillito dos, tres tandas de idas y venidas. En cuanto se paró y tuvo que tirar de argumentos El Fandi ya no nada más transcendió. Estocada en todo lo alto para ver rodar a Tomillito sin puntilla. Ovación al arrastre para el toro y pitos para el torero.

Con la misma suficiencia aeróbica acometió Fandila la faena a su segundo, Ventero el sardo, pero los pares al violín, los sprints por el ruedo, los recortes y amagos al toro, todo eso, unido a lo poco que tenía que decir Ventero hacen que este pasaje no pase a mayores.

Y López Simón, de azul noche y oro, a quien le hemos ayudado a abrir cinco veces la Puerta Grande de Madrid, y ahora ya no sabemos ni qué hacer ni qué decir cuando vuelve a Las Ventas. Porque López Simón es un suma y sigue, es un ferviente defensor -y bien que hace- del uno más uno, de oreja y oreja y Puerta Grande para la buchaca. Él no quiere un párrafo en el tomo de toreros de El Cossío, a veces con lo mínimo uno puede alcanzar las más cotas del éxito inmediato. Hoy la conjunción cósmica de nuestro torero, para alinear los planetas taurómacos, con ese toro que hace equilibrismo entre la mansedumbre más sumisa y la docilidad más pastueña no se dio, porque si en su primero de nombre Tormentoso ya quedó netamente claro que él venía a hablar de su libro, se pusiese la gente como se pusiese. Dos pases por detrás como los de Pedrés y una tanda ya de frente, toda ella por fuera del embroque, pero ligando y redondeándola, transmuta a la gente para que se vuelva como loca. Ahí ya queda meridianamente claro que López Simón va a usar las mismas mañas que le han servido para salir a hombre cinco veces ya: nada de compromiso con un toro de que se menea, pero que no es la tonta del bote, y sin ser un tejón sí que tiene finales y puntea. Pero López Simón se pone pesado con él, apurando hasta que le toquen el aviso, cuando lo que le había tocado el toro a él eran todos los pases… Igual que la hinchó el de Barajas pinchó la burbuja de la faena de tanto sobarle a Tormentoso. Metisaca en los blandos y una estocada tendida y trasera, unida a un aviso hacen que se le pite levemente justo después de (otra) ovación en el arrastre para un toro. 
Y con el quinto, que hoy sí fue malo (de poco fuelle y mermado en sus facultades) ya sólo nos quedaba la duda de si López Simón pensó en algún momento, por remota que sea la posibilidad, que hoy la plaza se llenó para ver al que más Puertas Grandes tenía de la terna. Nunca sabremos qué se le pasaría a él por la cabeza, lo que es sí estaba nítidamente claro ahí y entonces es que nosotros sólo disponíamos de atención y ojos para ver si Pablo Aguado salía por la puerta de la enfermería a matar el sexto.

Parte médico de Pablo Aguado: Herida por asta de toro en el tercio superior de la cara anterior del muslo derecho con dos trayectorias, una hacia arriba y hacia fuera de 15 centímetros, y otra hacia atrás de 10 centímetros que lesiona músculos sartorio, rector anterior y cural. Erosión en región frontal. Es intervenido bajo anestesia general en la enfermería de la plaza de toros. Se traslada a la Clínica Fraternidad Muprespa Habana. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia. Fdo. Dr. García Leirado.

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