Fernando Cruz masca la tragedia en una grave cornada

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15 Agosto 2012 | Escrito por Mario de los Reyes. | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Seis toros de Gavira, bien presentados aunque sin ningún tipo de exageración. De juego variado y alguno de ellos interesante:

1º) Vinagrero. No se empleó ante el castigo recibido en varas, dejándose dar. Ya con la muleta en mano el animal iba y venía, dejándose con opciones y calidad en sus embestidas. La res para mí era un poco mejor por el pitón derecho, ya que repetía más en sus embestidas. Al final de la faena de muleta la res echó la persiana por completo y se terminó rajando a tablas.

2º) Aguador. En la primera vara el animal medio cumplió con la cara a media altura, empujando de un solo pitón, pero sin terminar de romper nunca; en el segundo puyazo no se empleó absolutamente nada y salió suelto manseando.

3º) Diamante. Descastado que no se empleó ante el castigo recibido en varas. En la muleta, muy descastado y desrazado sin decir nada de interés a los tendidos, embestía sin decir nada, estaba agarrado al piso; además, al final del lance la res tiraba la cara alta de manera deslucida.

4º) Cantarero. Remiso a arrancarse a los dos encuentros con los del castoreño; aparte, nunca se empleó ante el castigo recibido, luego embestía andando, sin terminar de ir nunca metido en la franela; además, era un poco deslucido, tirando la cara siempre por alto. El pitón derecho era totalmente imposible, tirando la cara por las nubes y volviéndose a mitad del lance.

5º) Furtivo. En los primeros tercios fue muy a su aire, abanto en su condición; en la muleta iba y venía con bondad, medio se dejaba para el lucimiento del espada vallisoletano, aunque nunca terminó de romper; le pudo faltar un poco más de casta y raza.

6º) Palillero. No se empleó ante el castigo recibido en varas. En la faena de muleta el animal iba pero nunca rompió en condiciones, embestía con la cara a media altura sin terminar de humillar; para mí este fue el toro mas descastado y que menos transmitía de la tarde.


LEANDRO: (azul oscuro y azabache): silencio, oreja.

FERNANDO CRUZ: (oro viejo y azabache): silencio, 1 aviso.

MIGUEL ÁNGEL DELGADO: (confirma alternativa), (blanco y plata): ovación con aviso, silencio y vuelta ruedo.


El festejo de la Virgen de la Paloma del día 15 de agosto, para el que suscribe, se merece un cartel mucho más atractivo del que hemos visto hoy. Ya que, como no lo hagan, la empresa no va a conseguir albergar a más gente de la que hoy hemos visto en el coso venteño. Aparte, la mayoría que hoy poblaba los tendidos eran turistas y había muy pocos aficionados.

En cuanto a lo acontecido en la tarde de hoy, al final debemos decir que ha habido un desenlace trágico, tras la grave cogida de Fernando Cruz. El torero madrileño, en el que era su primer paseíllo del año, no ha podido tener peor final. Al tercer toro de la tarde le dio dos series con la mano derecha fuera de la segunda raya del tercio, entre los tendidos 10 y 1. En estas dos series, al madrileño se le vio muy desconfiado, perdiéndole varios pasos después de cada lance. Cuando se disponía al dar la tercera de estas series, la res, en el tercero de los lances, tiró la cara por las nubes y prendió de manera muy fea al diestro. El toro, finalmente, tuvo que ser matado por Leandro.

Cortó una oreja el vallisoletano Leandro en el cuarto toro de la tarde. Se le concedió una oreja para mí un poco excesiva, ya que, a pesar de que hubo lances templados de calidad, fueron sueltos. Fue una faena bastante despegada y lo mejor vino en los lances finales, en el que dio un muy buen ayudado por alto, llevándolo muy toreado y componiendo muy bien la figura y tres muy buenos obligados por bajo. Eché en falta una mayor conjunción en la faena. Debemos de apuntar que éste fue un animal con mucha nobleza y calidad en sus embestidas, permitiendo bastante el lucimiento del espada, aunque es verdad que le faltó un poco mas de casta y de raza a la hora de embestir a la franela.

En su primero se le vio a Leandro con muchísimo miedo y bastantes precauciones. Es verdad que recibió a la res con alguna verónica bastante templadita. Y el toro que le tocó en suerte, es verdad que nunca terminó de romper y de ser claro en sus embestidas, tirando la cara alta de manera un poco deslucida.

Completaba cartel un joven espada ecijano, Miguel Ángel Delgado, que ya dejó algunos apuntes de novillero en esta plaza. Y no dio mala impresión en la tarde en la que acudía a confirmar la alternativa. Con su toro de la confirmación, dio algunos lances templados, llevando bien al animal. Quizás abusó un pelín de no terminar de someterlo por bajo, llevándolo a media altura y un poco al hilo del pitón, sin terminar de cruzarse en la cara de su oponente. El sevillano quiso hacer todo muy despacio y gustándose bastante en la faena. Lástima que la alargara demasiado, sobrando la última serie con la mano derecha, en la que se metió entre los pitones para dar dos circulares invertidos. El animal tuvo calidad y bondad en sus embestidas; quizás tenía un poco más de celo por el pitón derecho, ya que por el izquierdo le costaba más repetir. Al final de la faena el toro se rajó por completo, yéndose a tablas, entre el 8 y el 9.

El segundo que le correspondió en suerte no era nada fácil y tenía muchas complicaciones. Miguel Ángel estuvo exponiendo muchísimo, metiéndose entre los pitones e intentando captar la atención del poco publico asistente, ante un animal que parecía imposible torearlo. Es verdad que no fue una faena lucida, pero sí de mucho mérito. Al final, a pesar de que la estocada cayo un poco baja de colocación, el diestro dio una vuelta al ruedo totalmente merecida, por lo mucho que expuso en las tres series con la mano izquierda; lástima que la espada no hubiera caído en lo alto, porque le podrían haber pedido la oreja.

Con el toro que tuvo que matar a consecuencia del percance del torero madrileño, Miguel Ángel Delgado comenzó la faena de muleta intentando agradar, yéndose a los medios para darle dos cambiados por la espalda, dejándose llegar el toro de largo. Esto lo remató con un buen cambio de muleta de mano por delante, un pase de pecho, dos obligados por bajo y otro pase de pecho. Después de esto, el diestro sevillano ya no dijo mucho a los tendidos; para mí que se contagió de la sosería de su oponente, llevándolo a media altura, sin obligarle nunca por bajo, colocado al hilo del pitón y sin cruzarse nunca. Alargó bastante la faena para dar lo máximo al público asistente, pero nos terminó aburriendo, por la sosería del toro que tenía delante. La res no terminaba de humillar, con la cara a media altura y le faltaba mucha casta y raza a la hora de tomar la franela.

 

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