Final desierta

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Final desierta

  • Juan Leal: francés (oro y oro): silencio y silencio tras aviso.
  • Juan Ortega: sevillano (grana y oro): ovación tras aviso y silencio tras aviso.
  • Juan Viriato: de Colombia (tabaco y oro): silencio tras aviso y silencio tras aviso.

    Mitin vergonzante de los tres diestros a la hora de finiquitar a sus oponentes.

Los augurios que se vaticinaban para esta tarde eran cuanto menos poco alentadores para los aficionados. Una ganadería de borregos pastueños, vacíos por dentro, como es la de Domingo Hernández, que apenas lidia en novilladas, se anunciaría en esta final. Por parte de los novilleros, la gracia innata del sevillano Juan Ortega, las estocadas pretéritas del francés Juan Leal y la sensibilidad por parte de la empresa de anunciar al malherido y corneado tres semanas antes, el colombiano Juan Viriato, eran el total de las razones de ir a los toros con algo de ilusión.

Día 29 de julio El francés Juan Leal demostraría algo de valor en su toreo encimista y poco emotivo. Poco emotivo, de igual manera que sus adversarios, tanto su primero bis, que debería haber vuelto a los corrales, como su antecesor, por estar mermado de sus cuartos traseros y delanteros. El cuarto tampoco le dio muchas opciones al joven novillero debido a su mansedumbre, un novillo cariavacado con genio, pero sí hay que señalar que el joven debió arrear mucho más. No se acordó de matar correctamente. Y mostró poca personalidad, pues es pura imitación a su paisano Sebastián Castella.

Día 29 de julio Al sevillano Juan Ortega se le observaron sus buenas maneras de mover el capote a su primer oponente, al más puro estilo sevillano. Y en la muleta se le apreció también su buen estilo manejando la franela, una muñeca dominadora y una buena cintura. Aunque debe corregir su colocación y mostró su poco bagaje delante del novillo, los aficionados vemos en él, lógica y obviamente, unas cualidades innatas de ser torero. En este día de compromiso, los adornos por bajo y sus pases de pecho fueron lo más reconfortante para el aficionado aunque, debido a las pocas novilladas que lleva toreadas, estuvo por debajo de las cualidades de su primer novillo…En el quinto, ni fu ni fa, no dejó nada. Artísticamente, solo algún destello suelto. Y la parte más negativa, su deficiencia utilizando el estoque.

El más verde de los tres novilleros, indudablemente, el colombiano Juan Viriato, posiblemente se acordaría de su grave percance acontecido tres semanas antes. Se le vio falto de ritmo, atropellado, no podríamos juzgar si lo hizo bien o mal, es que simplemente no dio un pase limpio con sus engaños. Novillero pasado de edad, dejó en evidencia que no sirve para desempeñar tan complicada aventura taurina y debe por su bien y el de su gente cercana dedicarse a otra cosa menos arriesgada.

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