Gran premio de San Isidro

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28 de mayo de 2015 | Escrito por Emilio Roldán. | Fotografías de Constante

Jueves 28 de mayo de 2015. 20º festejo del abono de San Isidro. Tiempo soleado y nada ventoso. Tres cuartos largos de entrada. Cinco toros de Victoriano del Río (2,3º,4º,5ºy 6º) y uno de Toros de Cortés (1º) -ambos hierros de la misma propiedad y de procedencia Domecq y Díez-, de mansa condición, flojos de remos y que desarrollaron genio, aunque el segundo, el cuarto y el quinto dieron opciones para el lucimiento; para los diestros:


Diego Urdiales (de tabaco y oro): 1º: Estocada pasada y tendida con descabello. Silencio. 4º: Pinchazo en la suerte contraria y estocada casi entera atravesada en la cruz. Silencio con un aviso.

El Fandi (de berenjena y oro): 2º: Pinchazo, estocada trasera tendida y tres descabellos. Leves pitos. 5: Media estocada, caída y contraria, y un descabello. Pitos.

Iván Fandiño (de marfil y oro): 3º: Estocada algo atravesada en el hoyo de las agujas. Silencio con posterior saludo desde el tercio. 6º: Dos pinchazos, media estocada trasera y baja, y dos descabellos. Silencio.


Presidencia:D. Julio Martínez Moreno debió devolver el tercer toro de la tarde, de nombre Celoso, al mostrar evidentes síntomas de invalidez desde su salida y al perder por ende las manos en tres ocasiones antes de que los picadores saliesen del albero. Como viene siendo habitual, sacó rápidamente el pañuelo blanco dando fin al primer tercio, cuando alguno de los toros no había recibido puyazo segundo.

1º: Descreído, cuatreño de negra capa y de 549 kilos de peso. Con caja, hondo y serio por delante.

-Tercio de varas:
1º: Puyazo en la cruz.
2º: Picotazo trasero, después de que el toro se arrancase de lejos.

-Comportamiento: Muy parado de salida, se deja pegar en el peto, saliendo suelto de los dos encuentros. Se duele en banderillas, aunque destaca su prontitud. Manso con genio, que se defiende en las afueras y que va a menos en el último tercio.

2º: Vampirito, cuatreño negro, listón, bragado, meano y axiblanco, de 580 kilos de peso. Con romana, atacado de peso y de cornamenta imponente.

-Tercio de varas:
1º: Puyazo trasero en dos tiempos, tapándole la salida al toro.
2º: Picotazo trasero, sin rectificar y barrenando.

-Comportamiento: Manso en varas, soltando arreones contra el peto y saliendo suelto de los dos encuentros. Sale del caballo flojeando y “se deja” en la muleta, embistiendo humillado y al paso con una nobleza hiperbólica.

3º: Celoso, cinqueño negro listón y de 529 kilos de peso. Indigno de presencia. Con cara seria, pero de anovillada musculatura y ensillado.

-Tercio de varas:
1º: Puyazo trasero al relance.
2º Picotazo trasero al relance.

-Comportamiento: Blandea al salir del caballo, habiendo recibido dos caricias en varas. Pierde las manos y cae sobre el albero en tres ocasiones antes de que el matador coja la franela y D. Julio Martínez se niega a sacar el pañuelo verde ante las protestas. Carece de fijeza, sale huyendo de los cites capoteros, como un niño al escuchar la campaña del colegio. Muy parado y reservón, embiste a media altura, cabeceando y carente de transmisión. Muestra su invalidez y descastada condición hasta su muerte.

4º: Casero, castaño de capa, cuatreño y de 586 kilos de peso. Bien presentado, serio de cara, veleto, imponente de hechuras; con trapío.

-Tercio de varas:
1º: Puyazo con leve castigo en el morrillo, tapando la salida y al relance.
2º: Picotazo cariñoso a toda prisa al relance.

-Comportamiento: Renquea de la mano izquierda mientras galopa desde su salida de los toriles. Sale huyendo del peto en el primer puyazo; cabecea y sale suelto en ambos. Manso en varas, suelta tornillazos en la muleta, se defiende en los medios y desarrolla genio, viniéndose arriba ante el trasteo de Urdiales.

5º: Impuesto, negro listón y cinqueño. 567 kilos de peso. Digno de presencia, largo, con seriedad por delante y caja.

-Tercio de varas:
1º: Puyazo trasero sin rectificar, tapando la salida y al relance.
2º: Recital de picotazos traseros barrenando.

-Comportamiento: Se deja pegar por el picador, sale suelto de los dos envites con el caballo. Cabecea, soltando tornillazos al peto. Manso en varas, se viene arriba en banderillas, siguiendo la cualidad parladeña de ir de menos a más con el avance de la lidia. Más boyante que sus compañeros de encierro, muestra nobleza en sus largas embestidas a la muleta. Con mucho que torear, no es aprovechado por el diestro, que se ve sobrepasado. Busca el abrigo de las tablas antes de su muerte.

6º: Jungla, cinqueño y castaño de capa. 572 kilos en su rematado porte, serio por delante, alto y con morrillo desarrollado.

-Tercio de varas:
1º: Espléndido puyazo de Manuel José Bernal en el cerviguillo.
2º: Puyazo trasero sin rectificar.

-Comportamiento: No se emplea en varas ante un castigo breve. Flojea al salir del caballo, muestra nobleza, fijeza y recorrido en la muleta de Fandiño, que no le baja la mano para que no se caiga ni consigue imponerse frente al burel.


Como venimos observando a lo largo de esta Feria de San Isidro, el significado que tienen los tiempos de la lidia ha quedado diluido en la tauromaquia actual. Llama la atención que tarde tras tarde se produzca el contraste entre la rapidez que tienen los presidentes a la hora de sacar el pañuelo blanco para que salgan los caballos de picar cuando el toro no ha sido parado y, momentos después, volverlo a sacar, cuando el toro no ha recibido apenas castigo en varas y cuando únicamente se han puesto los cuatro pares reglamentarios, frente a la parsimonia que tienen buena parte de los espadas para alargarse de forma excesiva durante unos tercios de muerte que casi siempre acaban entre atropellos, donde los peones, incumpliendo lo establecido, se vuelven locos a dar vueltas al toro cuando se niega a caer con el estoque dentro, con el fin de poder así rascar con mayor facilidad una orejita, después de que los mulilleros intenten ralentizar su labor lo más posible, mientras el respetable, cada día menos respetado, acaba viendo cómo nuestra Fiesta, que el profesor Tierno Galván definió como “acontecimiento nacional”, va perdiendo su sentido hasta acabar en este espectáculo adocenado y mareante, que se parece más, durante los dos primeros tercios, a una carrera de Fórmula 1 con rectas a todo gas, movimientos velocísimos y agilidad extrema, que a una corrida de toros.

Encabezaba el cartel de hoy Diego Urdiales, matador riojano muy del gusto de la actual afición de Madrid –grupúsculo cada día más minoritario, y menos visible y definido-, debido a las maneras de torero con oficio y gusto, que viene derrochando desde hace unas cuantas comparecencias. Durante la salida de su primero, un mansote con genio que fue a menos, se le vio bastante preocupado de cuidar la lidia, parando al toro de salida con un ramillete de verónicas templadas y dejándolo en suerte en los dos puyazos y de lejos en el segundo. Comenzó el trasteo doblándose por bajo y sacando al aquerenciado burel hacia las afueras, terrenos frente a los que respondía con un reincidente calamocheo a la defensiva. Le costó acoplarse a la embestida irregular y nada cierta del toro de Victoriano y, viendo que los pases regulares y el de pecho no eran la receta precisa para poder domeñar a su contrincante, decidió llevar a cabo un macheteo por bajo, teniendo que cerrarlo más hacia el tercio para acabar con el que abría plaza con una estocada defectuosa que necesitó de un descabello.

Con el cuarto, un cinqueño enormemente serio de hechuras y de veleta encornadura, estuvo descuidado respecto a la lidia, sin mando alguno, ya que no consiguió parar al toro y este fue a los dos encuentros con el caballo al relance sin haber sido puesto en suerte. El burel, que ya venía renqueando de la mano izquierda desde su salida, recibió dos caricias por parte del que porta el castoreño, siguiendo el triste motivo de que hay que cuidar mucho a los inválidos en esta plaza, no vaya a ser que la empresa se enfade. Habiéndose dejado crudo al toro, Urdiales decidió de nuevo sacárselo a los medios, después de que El Fandi efectuase un quite por chicuelinas sin temple alguno ni nada que se le parezca, apartándose en cada lance cuando el toro llegaba a jurisdicción. Comenzó el trasteo intentando llevarlo muy templado para quitar el cabeceo de un burel que se desplazaba excesivamente rebrincado. De nuevo, le vimos sin poderse acoplar, a la defensiva frente a un toro que se le vino arriba y respecto al que estuvo a su merced durante el muleteo. Se alargó excesivamente sin conseguir ajustarse y poder a su segundo, en una tarde bastante gris para de Arnedo, que escuchó algunas protestas al finalizar su faena.

El Fandi, uno de los productos más rentables e insoportables de esta tauromaquia pop, recibió con una larga cambiada al primero de su lote, antes de soltarle unos lances aturullados y sin mando. El toro se fue al caballo sin haber sido puesto en suerte en el primer encuentro, pero sí en el segundo. Con las banderillas comenzó el recital a todo gas de su insufrible repertorio. Tres pares de “despoder a despoder”, a toro pasado, mientras buena parte de los asistentes se rompía las manos aplaudiendo cómo el diestro exprimía al máximo las rectas del albero venteño. El temple y la torería a la hora de desempeñar los diferentes tercios de la lidia han sido sustituidos por la gallardía atlética, los sprint finales y la rapidez de los subalternos que, como en la Fórmula 1, procuran cambiar los neumáticos en el menor tiempo posible para así conseguir un premio mayor.

Salió Fandi de “boxes” con la espada de ayuda ya acoplada en la muleta para comenzar el trasteo de rodillas, muy despegado, ante un toro que iba como la seda. Retorcido y citando desde muy fuera en el cite de inicio de tanda, Fandi tenía que remendar su posición después de cada trapazo y dejó irse, sin haber sido toreado, a un toro francamente noble y de comportamiento enormemente bondadoso, que se empleó en el tercio final sin descanso. Ante esta ineptitud con la muleta respecto a la perita en dulce que tuvo enfrente y después de su sainete con la espada, tuvo que escuchar una sonada protesta de un público que acabó mareado después de su tan estresante lidia a todo gas y sin dar nada de uso a los frenos con el fin de provocar el asentamiento y el temple en su toreo.

Con el quinto, más de lo mismo. Lances a toda prisa sin conseguir parar al toro de salida, pares tomándose ventaja y en quinta velocidad, aunque clavó el tercero de ellos en la cara por los adentros, debido a que el burel hacía hilo hacia su querencia de manso. No se acopló con el boyante quinto, que dio opciones para el lucimiento y al que le quitó las moscas de la cara y se fue a por el estoque, recibiendo de nuevo una sonada protesta por parte de buena parte de los asistentes, ya que su contrincante iba y venía sin receso, con prontitud, largura y fijeza, al venirse arriba en banderillas, cualidad que se agrava cuando salen tan cruditos del caballo.

Iván Fandiño, torero que lleva un inicio de temporada de capa caída después de su fracaso sin paliativos al encerrarse el domingo de Ramos en nuestra Plaza, tampoco tuvo su tarde. Sus carencias a la hora de adecuar su lidia a las necesidades del toro salieron de nuevo a relucir durante sus dos faenas. Al primero de su lote lo recibió por verónicas a toda velocidad y con enganchones, y, en ambos encuentros, fue al relance el burel frente al peto, antes de que, al notar la puya, el ejemplar de Victoriano saliese despavorido como poseído por el mismísimo demonio. Lo mejor de la tarde ocurrió durante el segundo tercio, gracias a la brillante labor de Pedro Lara con los palos, poniendo un primer par de poder a poder y en la misma cara, y de Miguel Martín, que desarrolló una muy oficiosa brega capotera, sosteniendo a un mansurrón que flojeaba de remos y que buscaba continuamente irse al refugio de las tablas.

Comenzó el último tercio con banderazos a granel del diestro orduñés y con un intento de muletazos regulares con la zocata con una colocación perfilera. Lo de Fandiño con la mano izquierda es difícil de explicar. Coge siempre la muleta de la punta del estaquillador con dos dedos y sin querer torear con las palmas, como se debería hacer, y cita descaradamente con los vuelos sin conseguir embarcar nunca la embestida ni llevarlo toreado ni rematar un solo muletazo por abajo. El toro carecía de fuerzas y cuando le bajaba la mano, se le caía al piso en el tercio como si de un penalti claro en la misma raya del área se tratase. Tuvo que volverse a colocar después de cada trapazo al quedarse fuera por no quererse cruzar en el primero ni rematar detrás de la cadera, y no consiguió acoplarse ni templar ni sostener la embestida en forma de oleadas difusas de un mansote que se negaba a plantar cara. Mató a su primero con un espadazo efectivo y a su segundo, volvió a recibirlo con un conjunto muy chillón de verónicas en potencia a una velocidad cercana a los 200 km/h. Con la muleta, inició con un pase cambiado por detrás, pasaje que levanta siempre a los públicos que se dan cita muy de vez en cuando en nuestra Plaza y también, mal que nos pese, a buena parte de los más fieles, como si fuese algo más que un trapazo destemplado sin llevar toreado al animal y demostrando valor, algo que debe estar implícito en los toreros y que no debe ser un añadido a valorar. Ahogando la embestida del último de la tarde, sin dar distancia a un ejemplar que recibió un soberbio primer puyazo de Manuel José Bernal, que salió flojeando del peto debido al castigo segundo y que mantuvo una conducta muy noble en la muleta, finalizó su actuación y otra tarde gris de esta Feria desértica de emoción, con unos muletazos de aliño, viéndose sobrepasado por un manso que desarrolló genio, y yéndose a por la espada, con la que estuvo muy indeciso en sus varias interpretaciones del volapié.

 

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