La casta la dejan para las novilladas

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La casta la dejan para las novilladas

  • Sergio Flores: Estocada contraria y tendida. El novillo se marcha a toriles y allí se echa. Saludos desde el tercio. Estocada tendída y trasera y 4 descabellos, se echa el toro.
  • Javier Jiménez: Estocada hasta la cruz perdiendo la muleta y dos descabellos tras aviso. Saludos desde el tercio. 3 pinchazos, aviso. Se echa el toro. Silencio.
  • Fernando Adrian: Estocada baja y tendida. Descabello. Silencio. Estocada desprendida. Silencio.

Día 25 de mayo Tuvo que celebrarse una novillada para que la casta, buena o mala, apareciera de nuevo en el albero del coso venteño, y con ella volviera la emoción a los tendidos. Lo que ocurre es que ayer muchos de los asistentes a las corridas “Guapas”, isidros y muchos aficionados triunfalistas de pañuelo fácil, se tomaron el día libre. Para que se iban a molestar, ellos cuidan la fiesta a su manera, y su manera es encumbrar a las figuras aunque llenen de vulgaridad los ruedos. Y si no asisten a estos festejos menores nunca podrán valorar a estos chavales, que por mal que lo hagan han tenido la honradez de vestirse de luces con ganado encastado, y poner en peligro su vida intentando abrirse camino en esta profesión, donde solo algunos tienen el privilegio de imponer sus condiciones en las plazas y permitir que de chiqueros salga ganado cadavérico, con el fin de que sus seguidores se rompan las manos aplaudiendo su faenas ventajistas .

En estos festejos donde suelen participar toreros modestos, y sus apoderados, salvo excepciones, no tienen la fuerza necesaria para imponer condiciones respecto al ganado a lidiar ni elegir compañeros de cartel, y entonces los taurinos, veedores y todo el grupo de manipuladores que rodean a la fiesta no toman cartas en el asunto, y es cuando suelen salir por chiqueros animales con casta que suelen pedir el carnet de torero a los que se ponen delante de ellos, como le ocurrió a Fernando Adrian en el tercero de la tarde y a Javier Jiménez en el quinto, novillos que no regalaron nada. Si los novilleros querían triunfar debían ganárselo a pulso. Pero eso ocurre en las novilladas, cuando aparecen las figuras por la calle de Alcalá vienen muy relajadas porque saben que sus taurinos velan por su seguridad y han cuidado con esmero lo que han enchiquerado por la mañana.

El tercero de la tarde fue un novillo avisado que manseó durante toda la lidia, y que cuando llegó a la muleta lo primero que hizo fue arrollar a Fernando Adrián sin consecuencias, tirando unos derrotes que helaban la sangre de los aficionados. El burel necesitó una muleta que lo hubiera lidiado, pero cuando dieron esa clase en la escuela el chaval y nadie se ha preocupado de enseñarle. Intentó hacer lo que hacen las figuras del escalafón, que no es ni más ni menos que ponerse bonito en la cara del toro, pero en este caso no valía. En el sexto no se acopló a su enemigo y en cuanto lo sometía doblaba las rodillas. Por su parte, Jaime Jiménez, en el quinto toreo sin cruzarse, por este motivo no provocaba la embestida de su enemigo, cortando las series al segundo muletazo abrochándolas con el pase de pecho aprovechando el viaje del toro y perdiéndole pasos. Sólo le recetó dos derechazos bajándole la mano para someterlo. Su faena estuvo llena de vulgaridad.

Día 25 de mayo Sin embargo hubo otros novillos que pusieron en bandeja el triunfo a sus matadores, como ocurrió con los dos primeros, uno llevaba un cortijo en cada pitón y el segundo la llave de la Puerta Grande, pero los novilleros no entendieron el mensaje. Sergio Flores, en el primero, se dedicó a perder la muleta casi en cada embroque, y solo consiguió una serie de tres naturales sometiendo a su enemigo bajándole la mano. Poca recompensa ofreció el torero al público para qué este le obsequiara con el premio que puso a su alcance el burel. Fue una pena que el novillo se fuera al desolladero con las orejas puestas. En su segundo, cuarto de la tarde, se dejó torear, pero el torero mejicano estuvo ventajista y no consiguió meter en ningún muletazo los dos cuernos de su enemigo en la franela. Javier Jiménez, en el segundo, tampoco estuvo a la altura de su enemigo. Sacó a relucir lo que le han enseñado las modernas figuras, que no es ni más ni menos lo que estamos viendo cada vez que se visten de luces: torear al hilo del pitón perderle pasos al toro, no ligar y meter el pico hasta la saciedad. También lo intentó el chaval al natural pero el novillo le enganchaba la muleta en cada pase, y en un descuido del torero se quedó al descubierto y su enemigo lo arrolló sin consecuencias. El novillo terminó defendiéndose y el coleta para tratar de animar a la concurrencia decidió adornar la inexistente faena con una manoletinas, tan recurridas en los últimos tiempos.

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