La feria se acaba, la fiesta se muere

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29 Mayo 2010 | Escrito por Manuel Martínez Fraga | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Último festejo en la feria de San Isidro 2010. Toros de Marqués de Domecq y un sobrero de Cortijoliva que por su presentación no fueron dignos de esta plaza y por sus condiciones tampoco aptos para la lidia.


El Fundi: Verde y oro. Media y dos descabellos (pitos) Estocada y descabello (silencio).

Rafaelillo: Grana y oro. Pinchazo, estocada baja y descabello (silencio). Estocada trasera (silencio).

Javier Valverde: Sangre de toro y oro. Estocada que hace guardia, tres pinchazos, y dos descabellos (pitos). Estocada (saludos).


Presidencia: D. Manuel Muñoz Infante que sabía lo que iba a suceder y se prestó a que se consumara la burla al respetable… ¿respetable?

Cuadrillas: solo destacar dos buenos pares de Luis Carlos Aranda.

Suerte de varas: Nada que destacar ningún toro se empleó en varas, se picó poco, no había toros, en algunos casos manifiestamente mal.
 


Los que piensan que quien amenaza la fiesta está en el Parlamento Catalán, las organizaciones animalistas o los remilgos de cierta hipocresía progre de ética moderna, creo que se equivocan de medio a medio.

En nuestra desbocada sociedad de consumo el ocio es un negocio cada vez más exigente que requiere de productos de primera clase, que enganchen al consumidor y le inviten a volver y a pagar sin vacilación. No nos engañemos, por mucho que queramos vestir a la fiesta del toro de romanticismo, arte, tradición y cultura, nuestra querida fiesta es un espectáculo de ocio más y el que paga va buscando emocionarse, tal como nos emociona el teatro o el cine. Y están vaciando de emoción la fiesta. ¿Van los jóvenes a aficionarse a un espectáculo en el que todo lo que pasa está carente de interés y de verdad, donde la mayoría de las tardes, te tiras dos horas bostezando?

Cómo sería la corrida de Adolfo Martín para ser devuelta casi al completo, cuando lo que vimos saltar al ruedo de la primera plaza del mundo el día de cierre de feria fue propio de un baile de chirigota. De la corrida del Marqués de Domecq decir simplemente que fue indecente, un muestrario de todo lo que no debe ser un toro de lidia; falta absoluta de trapío –alguno hasta resultaba cómico-, mansedumbre y una falta de fuerzas manifestada desde los primeros trotes por esta arena venteña, esta arena de Madrid que parece atraer a los toros a dar con los hocicos en el suelo. El primero fue devuelto, no sé qué pensaría don Manuel que iba a pasar luego pues el primero bis de Cortijoliva salió cayéndose para no desentonar y tuvo una manera de embestir a media altura y corto viaje que animó al Fundi a desconfiar de él y darle pronto pasaporte de manera bastante indecorosa (el toro tampoco merecía mucha ceremonia). Con el cuarto, otro torillo inválido, lo único que consiguió es comprobar que además de colarse por los dos pitones en los primeros pases de prueba, este torito se caía si le tocabas las orejas y fue justo lo que hizo, eso y despacharlo pronto, que al menos un servidor se lo agradeció.

El segundo, un novillo en toda regla, acuso la misma flojedad de sus hermanos además de mostrar una condición en la muleta preludio de la expresión del aficionado aburrido: “no tiene un pase y le va a levantar los pies” eso debió pensar Rafaelillo que despachó al becerrote de una fea estocada. Con el quinto, un manso que quiso honrar a sus hermanos mostrando la invalidez familiar, la historia fue tan breve como carente de contenido.

El primero de Valverde apareció por la puerta de chiqueros a los gritos de ¡¡otra pulga!! La suerte de varas fue la que se suele emplear con estos ternerillos inválidos a pesar de esto el bicho se arrodilla y la bronca sube de volumen como ya no suele pasar en la fiesta moderna; ya no es solo el siete el que toca las palmas o levanta las ¡¡manos arriba esto es un atraco!! es el cinco, el seis, el ocho, es media plaza –con la otra media no va esto- la que truena indignada e impotente. De nada valió, don Manuel sacó el moquero y nos tragamos otro bichillo que se paró delante de la muleta de Valverde se tumbó y dijo: lo siento tampoco va conmigo, yo también soy de la sombra. Ni una tanda, a matar de una puñalada que hacía guardia. Pitos para todos, mala suerte despedirte de Madrid en tarde tan aciaga.

Al menos, Javier Valverde tuvo la oportunidad de exprimir el pitón derecho del sexto, toro que sin llegar siquiera a bueno, tuvo continuidad en la embestida con lo que Valverde pudo ligar alguna tanda que hizo pensar al público impasible, a ese público que no entiende las protestas, les hizo pensar que ellos siguen llevando razón, que a los toros se va a aplaudir. Mato Valverde de gran estocada como firma en la despedida de un torero humilde de la plaza de Madrid.

Ojalá, Javier si vuelves, que te encuentres una fiesta donde ganaderos al servicio de las figuras, figuras con vocación de adinerado pero no de torero, apoderados trincones, empresarios que buscan dinero rápido y en la mano a costa de lo que sea y al resto de taurinos de todo pelaje que chupando de la teta del pobre toro tienen a este en coma, los encuentres fuera de este mundo y los que queden, que sean los que descubrieron que la fiesta del toro, sin el Toro como protagonista, el que pone la verdad en el ruedo, a esa fiesta le queda muy poco.

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