La nada

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30 Septiembre 2010 | Escrito por Pedro del Cerro | Fotografías de Constante

Novillada con picadores. Primer festejo de abono de la Feria de Otoño, tres quintas partes de aforo en tarde de agradable temperatura y viento apacible. Se lidiaron cinco novillos del hierro de Jose Luis Pereda, procedentes de encastes Nuñez, Torrestrella y Domecq y Díez. De correcta presentación. El primero tuvo que ser devuelto por invalidez manifiesta a cambio de un novillo de Torres Gallego que a la postre resultó ser el más encastado de la tarde. Invalidez, mansedumbre y descaste fueron las cualidades que mostraron los animales del hierro anunciado, un pésimo espectáculo.


CRISTIAN ESCRIBANO: Tres pinchazos; estocada corta, trasera y muy tendida; tres descabellos; SILENCIO (un aviso). Media estocada desprendida; descabello; SILENCIO (un aviso).

DAMIÁN CASTAÑO: Dos pinchazos; media en los bajos; descabello; SILENCIO. Dos pinchazos; estocada; SILENCIO.

VÍCTOR BARRIO: Dos pinchazos; estocada baja; SALUDOS CON DIVISIÓN. Pinchazo; media estocada trasera, perpendicular y atravesada; varios descabellos; SILENCIO (dos avisos).


Presidencia: A cargo de don Julio Martínez. Dejó la categoría de la plaza por los suelos permitiendo de forma descarada que el segundo, cuarto y quinto de la tarde sólo recibieran un puyazo. Otros tantos debieron ser devueltos al corral por su inutilidad para soportar la lidia. Parece ser que si no hay protestas don Julio se salta el reglamento a la torera, amparado en el abatimiento del público.

Suerte de varas: Tarde de marronazos constantes, no es que los picadores no encontraran el morrillo de las reses es que ni siquiera acertaban en los lomos. Fíjense cómo se desarrolló la tarde con los caballos que Luciano Briceño fue ovacionado en el sexto por tirar el palo y señalar arriba en dos breves puyazos; tras lo visto en los cinco anteriores el público alucinaba con Briceño.

Cuadrillas: Saludó David Adalid pareando al segundo de la tarde por el pitón derecho, ejecutando la suerte con un mínimo de decencia y ortodoxia.


Nuevamente volvía el público a la plaza, después de un verano lleno de hormigón, el abono cautivo hacía el milagro de reunir al público, a la afición, a curiosos y a unos cuantos “guiris” despistados. La plaza y sus alrededores respiraban ambiente de toros. El público acudía calmado, serio, taciturno quizá. Son muchos los acontecimientos que han azotado a la Fiesta estos últimos meses, la afición se siente agraviada por el trato degradante que sistemáticamente este colosal espectáculo viene recibiendo. Es por esto que parte de los asistentes sentían el papel tan significante que esta plaza representa, el espejo donde mirarse y se ilusionaban con una Feria ejemplar que recordara a todos los valores de esta Fiesta, con un animal fiero y bravo que produzca miedo, respeto y admiración al mismo tiempo, dominado por la naturalidad, el valor y la torería de un hombre que consiga hacer temblar los cimientos de Las Ventas, jaleado por un público enardecido, apasionado, como tantas veces ha ocurrido.

Y en éstas estábamos cuando vimos aparecer el primer novillo de la tarde, un señor de pelo negro burraco, cornidelantero de pitones, que tropezaba una y otra vez con no se sabe qué. Se caía. El piquero fingía la suerte y Huérfano, así se apodaba el bicho, volvía a tropezar, se desplomaba una y otra vez. Fue así como volvimos a la cruda realidad, fue así como hice memoria y recordé la infame moruchada que el ganadero de hoy echó en San Isidro y no encontraba explicación de por qué ahora tenía el premio de lidiar en esta Feria...Claro, claro, ya entiendo, Taurodelta gestiona esta plaza, la empresa déspota que desprecia al aficionado, que comete un despropósito detrás de otro, que maltrata esta plaza, la desprestigia y busca el dinero fácil...Todo tenía una explicación. Una vez más, don Julio Martínez necesitó innumerables caídas para cerciorarse de que Huérfano era un novillo inválido, provocando el enojo de la afición hasta que asomó el pañuelo verde, que cayó como una losa sobre el público venteño y lo dejaba tocado para el resto de la tarde. Cuando sólo llevábamos diez minutos de corrida éramos ya muchos los huérfanos en el tendido, ¡desamparados!

Siguiendo con la tónica habitual en esta temporada madrileña, Escribano se llevó el animal más potable de la tarde. El sobrero de Torres Gallego era un animal exigente, que llegó probón y con muchos pies a la muleta, gracias a las galopadas al sentir la puya y a una lidia ligera. Escribano se plantó delante del bicho y tras varias tandas de muletazos no quedó claro quién era el que mandaba allí. Nunca consiguió dominar y someter a un ejemplar complicado, de los que tienen premio en esta plaza. El castaño albardado que estoqueó en cuarto lugar fue una babosa descastada que recibió un sólo puyazo y que no merece la pena recordar. No obstante, Escribano nos obsequió con un recital de pases vulgares durante más de diez minutos; el toreo moderno es lo que tiene.

El segundo de la tarde tampoco recibió castigo y se inutilizó una mano al poco de comenzar el tercio de muleta, por lo que Damián Castaño quedó inédito con este ejemplar en el último tercio, aunque pudimos atisbar sus carencias con la capa, recortando y enseñando mal al novillo durante la lidia. El quinto fue un marmolillo manso y descastado con el que Damián estuvo dispuesto y nada más. Quedó encunado en la suerte de matar y a punto estuvo de ser herido seriamente.

Victor Barrio apuntó detalles positivos, pero hay que verlo con animales de casta y poder. Esperó a su primero en los medios por tafalleras. Al sexto lo recibió a porta gayola. Se le vió más asentado y seguro de sus facultades pero poco más. Empezó la faena de rodillas con el tercer novillo de la tarde; era un unimal que apenas se tenía en pie y embestía como alma en pena y Victor Barrio pego pases y más pases. Lo mismo que hizo con el sexto de la tarde, un novillo de capa espectacular que duró muy poquito; se equivocó empezando la faena por el pitón derecho cuando se vió claramente que cortaba por ese pitón en banderillas ¿Para qué sirven todos esos profesionales del callejón? ¿No saben que es con la izquierda como se triunfa en Madrid? Alargó la faena, mató mal y a punto estuvieron de sonar los tres avisos. Lo dicho: la nada.

 

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