La primera en la frente

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30 Agosto 2009 | Escrito por Jesús Delgado

Primer festejo de la fase clasificatoria del Ciclo Ocho Naciones. Se han lidiado seis novillos de la ganadería de Hnos. Domínguez Camacho, ganado onubense de procedencia Domecq, vía del marqués, desiguales de hechuras aunque correctos de presentación. Una vez más la casta ha brillado por su ausencia. Inválidos segundo, tercero y quinto del encierro. El segundo y tercero escandalosos. Aproximadamente unas 2000 personas en tarde de mucho calor.


Juan Ortiz: (azul noche y oro) Bajonazo (silencio tras aviso) y estocada delantera (vuelta por su cuenta descarada).

Fernando del Toro: (azul marino y oro) Dos pinchazos y estocada trasera (silencio tras aviso) y estocada tendida (silencio).

Juan Luis Rodríguez: (grosella y oro) Tres pinchazos y bajonazo (saludos) y tres pinchazos y el novillo se echa (silencio).


Presidencia: D. Trinidad López – Pastor. Bastante mal, ya que lo poco que debió resolver como autoridad lo hizo rematadamente mal. Debió devolver, mínimo, a los INVÁLIDOS lidiados en segundo, tercer y quinto lugar. Eso sí, a este señor no se le puede decir que no es regular y constante. Siempre que está en el palco pasa lo mismo. ¡Chapuceros!

Suerte de varas y otros datos: 1er novillo: Picado por Álvaro Atienza. En el primer encuentro lo pica trasero y en la paletilla tapándole al animal la salida. En la segunda entrada, vuelve a realizar exactamente el mismo puyazo, como si estuviésemos en el día de la marmota. Es más difícil picar como nos ha deleitado este caballero que picar bien. Apuestas.

2º novillo: Picado por Luis Miguel Maestre. En la primera vara no le pica debido a la manifiesta invalidez del burel desde su salida por chiqueros. En el segundo envite tampoco lo pica, únicamente marca al inválido. Comienza el señor Trinidad su tarde.

3er novillo: Picado por Francisco José Quinta. En el primer puyazo no pica al animal, únicamente lo sujeta y bastante trasero. Su segunda visita al equino se salda con idéntico resultado. Conclusión: Sin picar. ¡Otro que se te escapa Triniiiiiiiiiiiiiii!

4º novillo: Picado por Luis Carlos Pedroza. El primer puyazo en la paletilla y largo. Lejos de rectificar tapa la salida al novillo e insiste. El segundo encuentro se salda con un puyazo a traición.

5º novillo: Picado por Rodrigo Pachón. Sin picar, sin picar, sin picar. ¡Qué vergüenza de presidente!

6º novillo: Picado por Diego Aparicio “El Turuta”. En la primera vara el animal se lleva todo lo que no les han dado a sus hermanos, tapándole la salida y muy trasera. Cuando le tiene reventado le suelta y el segundo puyazo no existe. Ha asesinado al novillo, literal.

Tercio de banderillas: calamitoso. Únicamente se salva de la quema Fernando Téllez, banderilleando con decoro al primer novillo del festejo, y en un quite muy comprometido, sacando del berenjenal en el que se había metido Fernando del Toro en un quite desastroso.

Se guardó un minuto de silencio en memoria del 24º aniversario del fallecimiento de José Cubero “Yiyo”.

Juan Ortiz debuta en Madrid con el novillo nº 21 de nombre “Cristalito” de 481 kilos de peso y marcado con el hierro titular del festejo.

Pesos de los novillos: 481, 480, 486, 506, 478 y 491.


Muy pobres los carteles propuestos por esta empresa para este invento del “Ciclo de las Ocho Naciones”, que lo podían haber llamado como hubiesen querido, que hubiese dado lo mismo. Se presentan bastante más interesantes, ¡donde va a parar!, cualquier certamen de novilladas de este mes de septiembre, y no muy retirado de la capital del toreo. Parece que esta empresa contrata las sobras, como un torero de quinta fila que tiene que esperar a que contraten a todas las figuras para ver en que cartel puede entrar. Muy triste me parece. El mundo al revés. Como casi siempre.

Después de dos sustituciones, del cartel titular nos queda únicamente Juan Luis Rodríguez, que sin estar a la altura de sí mismo, propuso cosas que los otros dos novilleros no saben ni lo que son. Y quizás no sea culpa suya, no lo niego, sino de este mundo corrupto del que se lucran cuatro y los demás tenemos que pagar las consecuencias. De todas formas, invito a los empresarios a leer carteles de los certámenes indicados anteriormente, y se dejen de ciclos y chorradas y presenten en Madrid novilladas y novilleros de garantías. Y con garantía no me refiero a lo que ustedes entienden por garantía, señores empresarios, sino todo lo contrario.

Con todo esto, Juan Luis Rodríguez ha firmado lo único salvable de la tarde, aunque lo haya realizado con cuentagotas y ante un inválido. Muy acelerado al comienzo de su primer enemigo, se fue relajando y hubo unos muletazos con la zurda que no acabaron de llegar, pero de buenas trazas. Muy precavido, cuando se soltó parecía que podía ser, pero entonces el novillo le pidió más y Juan Luis, lejos de ir a por él, se vino abajo. Le afea los trastos que lleva, muy grandes para un torero que tiene clase. Aún así, no entiendo el comportamiento de cierto sector hacia este novillero, sobretodo tragándonos lo que nos tragamos tarde tras tarde. Y esto no viene de ahora. Su segundo llegó literalmente muerto la muleta por culpa de “El Turuta” que se cebó con él. No pasó de la segunda tanda el burel, y Juan Luis vio que se le iba la tarde y cometió el error de alargar el trasteo. Con los aceros tampoco estuvo muy afortunado en ninguno de sus ejemplares.

Fernando del Toro, una de las sustituciones de la tarde venteña, dejó una muy pobre impresión. En ambos novillos mantuvo el mismo guión. Su primer enemigo, un inválido de libro que el señor Trinidad no tuvo a bien devolver a los chiqueros, si bien no tuvo fuerza, tampoco se le atisbaba peligro. Aún así la receta fue la de toda la tarde. Periférico. Tal es la obsesión, o el miedo, o ambas cosas, que no se colocaba ni en el primer muletazo. Si concluyes con un mal uso de los aceros, tenemos… ¡que leche!, tenemos lo que nos merecemos con esta empresa. El quinto, un inválido algo menos acusado que el anterior de su lote, pero al fin y al cabo un inválido que nos tuvimos que tragar de nuevo, repitió el guión. Toreo periférico, desde fuera y para fuera, colándose el novillo en algún muletazo. Cuando el animal agonizaba comenzó a practicar el toreo encimista. Le duró poco. Lo dicho, muy pobre impresión durante toda la tarde.

A ultimísima hora entro en la terna Juan Ortiz, sustituyendo a José Antonio Benítez por un problema burocrático. Manda narices en el siglo XXI, pero esto funciona así. Con el lote de la tarde, dentro de que la novillada no fue nada del otro mundo, fue cuesta abajo a lo largo del festejo. Comenzó con muchas ganas recibiendo a su primero con unas verónicas ganado terreno, aunque muy acelerado. Precisamente si las verónicas tienen que ser de alguna manera, son…, despacio, muy despacio. Lo intenta por ambos lados, sin encontrar el sitio y llegando a aburrir al personal. Y eso que el novillo repetía con clase, aunque es verdad que se acabó pronto. En el mejor novillo del encierro, el lidiado en cuarto lugar, estuvo mal colocado y sin trasmisión ninguna. Lo despachó de una entera delantera. Debiendo creerse, se me ocurre, que el jurado mira los trofeos para pasar a la final, se pegó una vuelta al ruedo por su cuenta de las más lamentables que he visto, y que me hace reafirmarme en mi convencimiento que, a veces, esta plaza parece una plaza de pueblo, y gran parte de la culpa, si no toda, la tiene esta empresa que nos deleita con estos carteles. Se trata de una verdadera intoxicación al aficionado que cada tarde asiste a esta plaza a intentar disfrutar de una tarde de toros.

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