La puerta grande de la polémica

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18 Mayo 2011 | Escrito por Diego León | Fotografías de Constante

Corrida de toros. 9º de la Feria de San Isidro.


Para no caer en la monotonía y pasarme al lado opuesto, esta vez seré partidario de la puerta grande de Manzanares viéndolo desde otro punto de vista. Aquí daré pie a la puerta grande polémica y abriré una pequeña tertulia. En primer lugar, si reflexiono sobre la faena al sexto toro de Manzanares, fue más estética buscando el “postureo” que buscando la verdad. Con esto realizo una contradicción, pudiéndome contestar: entonces ¿en qué se basa usted para justificar su puerta grande? Pues bien repasemos la faena. Fue una faena que tuvo momentos muy estéticos, con un espectacular pase de pecho y un derechazo de cartel rematándolo atrás ¿Y qué pasó con la del dinero? Pues ahí está el quid de la cuestión, que por el izquierdo apenas lo vimos. ¿Y qué pasó con cargar la suerte y echar la pata “palante”? Quizás se podría justificar el no echarla para poder llevarse el toro y rematarlo lo más atrás posible.

Bueno, queridos lectores, todas estas cosas son la maquinaria del debate. Pero lo que realmente me importa y por lo cual me justifico es la estocada ¿Desde cuándo no se ve una estocada en los medios y recibiendo? ¿Acaso no sería una manera de recuperar esta suerte de matar, tan valorada entre los aficionados de antaño? Pues si así es, bienvenida sea esa puerta grande.

Corrida muy mal presentada y protestada de Núñez del Cuvillo con remiendo de Ortigao Costa, floja, sosa, mansa y descastada, exceptuando el sexo, que hizo una gran pelea en varas, dejando a un caballo mal herido y desmontando al picador. Primero, chico y feo de hechuras, muy anovillado (blando, manso y descastado). Segundo, muy protestado, chico y feo de hechuras, anovillado (flojo, manso y toreable). Tercero, novillo en toda regla, noble y flojo. Quinto, protestado, chico y sin fuerzas, devuelto. Sale un sobrero de Carmen Segovia de iguales características aunque noble, flojo y toreable. Sexto, presentación aceptable, encastado, bravo en el caballo, rajándose al final de la faena de muleta a la que embistió con nobleza. La pelea en varas fue penosa exceptuando el sexto. Tomaron un total de cinco arañazos.

El Juli, de tauromaquia perrera, realizó una faena de enfermero con el paso atrás, toreando aliviado y al hilo del pitón y descomponiendo la figura. Lo despacha de un pinchazo y una entera. Silencio. Su segundo fue un animal justo de presentación, aunque no fue protestado. Resultó ser un animal noble y flojo, realizando la faena del alivio y sin cargar la suerte, abusando del pico. Le despacha de una estocada caída. Oreja verbenera y protestada.

Castella o don Trancedo. Su faena cansa y aburre, es monótona y así lo trasmite al publico, saliendo una voz del tendido seis diciendo “eso lo hago yo”. Con su primero se puso pesado y fuera del sitio, muleta arriba y paso atrás. Le despacha de una entera caída y tendida. Con su segundo realizó “la faena de la casa”. Pero esta faena tiene los recursos agotados, ya no gusta aquí. La inicia con el pase cambiado por detrás y la remata con unos derechazos abusando del pico y pésima colocación, sin aprovechar la docilidad del animal. Le despacha de una trasera tendida. Pitos.

Manzanares estuvo en la línea de sus compañeros con su primer toro, como siempre cuidando el animal y sin bajar la mano. Le despacha de una buena estocada. Silencio. En su segundo realizó una faena con detalles, realizando un buen cambio de mano y derechazos muy rematados con pases de pecho ajustados. La izquierda apenas la utilizó y tuvo momentos en que no estaba colocado y nunca cargó la suerte. Faena en los medios y estocada excelente recibiendo. Puerta grande con polémica.

Un buen día de vacaciones se tomaron los picadores, que apenas trabajaron. De los rehileteros, nada que destacar. Y de la presidencia de don Julio Martínez, mejor ni mencionarla. Tan solo podemos destacar y agradecer la devolución del quinto. Pero no tuvo criterio ni seriedad a la hora de la presentación del ganado, ni tampoco en la concesión de trofeos. Ya va siendo hora de que a este señor, que nos da la palmada por detrás y al mismo tiempo nos clava el cuchillo por la espalda, le pongamos la cara colorada por semejantes atropellos taurómacos.

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