Mal futuro nos espera…

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19 de julio de 2015 | Escrito por Daniel Herrero | Fotografías de Constante

Se celebró la tercera novillada del mes de julio en la plaza de toros de Las Ventas. El cartel estaba formado por tres debutantes de escaso bagaje y poca experiencia profesional, lo cual fue en detrimento del espectáculo. El ganado pertenecía a la ganadería de Los Chospes; fue un tanto desigual en cuanto a su presentación, pero de buen juego en líneas generales, con algunos matices que indicaremos a continuación.


En primer lugar se anunciaba el mexicano Gerardo Rivera (blanco y plata con decorados en negro), quien a la muerte de su primer novillo escuchó silencio tras un aviso y a la muerte del segundo dio la vuelta al ruedo por su cuenta tras escuchar un aviso.

En segundo lugar alternaba el onubense Alejandro Conquero (blanco y plata) que, a la muerte de los dos novillos que le habían correspondido en suerte, escuchó sendos silencios.

Cerraba el cartel el colombiano Santiago Sánchez Mejía (azul marino y oro), quien fue silenciado a la muerte de sus dos oponentes.



El palco estuvo ocupado por el presidente del festejo, D. Javier Cano Seijo, cuya actuación pasó prácticamente desapercibida, ya que el desarrollo de la lidia no le obligó a tomar decisiones comprometidas; el delegado gubernativo, D. Carlos Ovejero, el asesor, D. Faustino Inchausti, más conocido como “Tinín” y los veterinarios, D. Fco. Javier Fernández, D. Javier Morales y D. Fernando Mirat.

El público asistente ocupó algo más de un cuarto de plaza.

“Rebujino” nº 61, castaño oscuro de capa, nacido el 06/12 y de 465 kg de peso. Recibió palmas en su arrastre.

El que abrió plaza fue un novillo manso al que Gerardo Rivera recibió a portagayola. En los primeros compases de la lidia echaba las manos por delante y salía con la cara por las nubes en todos los lances; fue durante la brega de Mario Campillo cuando el novillo respondió descolgando la cara y humillando a los capotazos con las manos muy bajas del citado peón. El tercio de varas estuvo carente de emoción y pelea, puesto que el animal apenas fue castigado y salió suelto en sus dos encuentros con el varilarguero. En la faena de muleta el novillero mexicano continuó sometiendo a su oponente, y éste respondía persiguiendo la muleta con casta y humillación, lo cual sorprendió gratamente a todos los aficionados dada la condición de manso del cuatreño. Hubo tandas con temple y profundidad que consiguieron conectar con los tendidos, sin embargo, faltó que el joven novillero consiguiese a largar más las embestidas del animal y de esta manera poder redondear una faena de triunfo. Los fallos con los aceros en repetidas ocasiones eclipsaron la labor anterior. Por cierto el mansito se fue a morir al centro del ruedo.

“Lacerador II” nº 46, castaño de capa, nacido el 11/11 y de 441 kg de peso. Fue silenciado en su arrastre.

El segundo de la tarde fue recibido con varias largas desde el tercio por Alejandro Conquero. El tercio de varas fue poco lucido, ya que el novillo apenas empujó en sus encuentros con el picador; durante el transcurso de la lidia el animal dio tres volteretas al clavar los pitones en la arena, lo que mermó considerablemente sus condiciones para el último tercio. La faena de muleta dio comienzo con el novillero onubense de rodillas en el centro del ruedo; el novillo, falto de clase en sus embestidas, se desplazaba sin apenas transmisión. La falta de acople y profundidad en los muletazos hicieron que la faena no tuviese calado en los tendidos. Pinchó en varias ocasiones antes de conseguir enterrar la espada.

“Pescadero” nº 27, negro listón de capa, nacido el 03/12 y de 486kg de peso. Fue silenciado en su arrastre.

El tercer novillo de la tarde se quedó parado en el centro del ruedo tras su salida por la puerta de chiqueros. Tras unos instantes de dudas e incertidumbre Sánchez Mejía decidió ir a su encuentro; fue entonces cuando se vieron las primeras arrancadas con chispa y emoción de “Pescadero” y las primeras carencias del novillero. En el primer puyazo cumplió empujando con los cuartos traseros, sin embargo, una vez que probó el castigo de la puya, en su segunda entrada al caballo, salió huyendo. Durante la lidia y el tercio de banderillas el animal se orientó y la chispa y emoción del principio se tornaron en peligro y dificultades, que en la posterior faena de muleta el joven novillero no supo solventar. Siempre al hilo del pitón, fuera de la suerte y en consecuencia mal colocado en todo momento, no fue capaz de tocar las teclas adecuadas para sobreponerse a las complicaciones que su oponente le presentaba. Tras varios intentos consiguió dejar una estocada casi entera.

“Enemigo” nº 33, negro listón de capa, nacido el 01/12 y de 460 kg de peso. Fue ovacionado en su arrastre.

Al igual que en el primero de su lote, Rivera, recibió al cuarto novillo a portagayola. En los primeros compases de la lidia ya se vio la buena condición que el animal tenía; lo que se ratificó en el emocionante tercio de varas, cuando “Enemigo” empujó con los cuartos traseros en el primer puyazo, y se arrancó de lejos en el segundo. Destacó la lidia de “Venturita” con capotazos templados acoplándose muy bien a la embestida del animal. En la faena de muleta hubo momentos de belleza y emoción, pues el mexicano, por momentos, consiguió dejarle la muleta en la cara y llevarlo largo vaciando el muletazo por debajo de la pala del pitón. El animal fue a más, y al novillero le falto acople para poder redondear una faena de triunfo, puesto que las condiciones del novillo así lo permitían. Mató con una estocada caída.

“Tirano” nº 76, castaño de capa, nacido el 06/12 y de 456 kg de peso. Fue silenciado en su arrastre.

A pesar de que el novillo que se lidió en quinto lugar no tuvo las cualidades necesarias para poder vivir un lidia emocionante y vistosa, si se pudo percibir el gusto y buen manejo del capote de Alejandro Conquero. El tercio de varas fue bastante perjudicial para el animal puesto que se le castigó en exceso y además recibió los dos puyazos muy seguidos. La faena de muleta estuvo falta de interés para que el aficionado mantuviese la atención en lo que estaba sucediendo en el ruedo; las desclasadas embestidas del novillo y los pocos argumentos que mostró el novillero hicieron que su labor no cogiese vuelo. Mató tras varios intentos.

“Lacerador I” nº 36, castaño de capa, nacido el 10/11 y de 443 kg de peso. Fue silenciado en su arrastre.

El que cerró plaza fue un novillo absolutamente desaprovechado; en primer lugar por la mala lidia que se le dio, ya que no fue puesto en suerte para su entrada en el caballo que montaba Anderson Murillo y porque una vez debajo del peto recibió dos puyazos en muy mal sitio. Para alegría de los aficionados allí estaban Raúl Cervantes y David Saugar “Pirri” que dejaron pares de gran mérito cuadrando en la misma cara; y en segundo lugar porque en la faena de muleta, a pesar de todo lo anterior, el animal tenía virtudes en sus embestidas que debieron haber sido entendidas y aprovechas por el novillero colombiano, Sánchez Mejía, pero nada de esto ocurrió, por lo que el de Los Chospes se fue sin torear pero con muchos pases encima. Tras varios intentos consiguió enterrar la espada.

Tras el festejo me hago la siguiente cuestión, ¿Por qué se siguen configurando estos “carteles suicida” que no benefician a nadie? Los novilleros anunciados con su corto rodaje profesional no tienen la capacidad y la solvencia necesaria para lidiar una novillada en la primera plaza del mundo; al mismo tiempo, esa falta de rodaje les impide tener ambiente entre los aficionados, por lo que el poco público que asiste lo forman, en su mayoría, extranjeros y paisanos de los novilleros de turno. Todo ello desemboca en un espectáculo pobre al que la gente no quiere volver, con las graves consecuencias que esto supone para la Tauromaquia. Esta situación debe revertir para que Madrid sea una plaza de temporada con interés durante todo el año y en la que los aficionados que asistan por primera vez repitan muchas más, sino mal futuro nos espera...

 

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