Más de lo mismo y de repente una oreja

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Más de lo mismo y de repente una oreja

  • EL CID: de azul pavo y oro. Estocada contraria y atravesada y tres descabellos (silencio). En el cuarto, pinchazo, estocada rinconera y dos descabellos. Aviso (silencio).
  • CÉSAR JIMÉNEZ: de rosa y plata. Estocada tendida y descabello. Aviso (ovación). En el quinto, tres pinchazos y casi media tendida (silencio).
  • IVÁN FANDIÑO: de malva y oro. Media estocada atravesada, otra media y descabello. Aviso (silencio). En el sexto, bajonazo (oreja).

Día 16 de mayo Abría cartel Manuel Jesús “El Cid” que, muy a mi pesar, ofreció una imagen preocupante y lleva así los últimos dos años. Nos trasmitió durante toda la corrida mucha inseguridad, su primer toro se agotó en un largo tercio de varas del cual salió el toro aburrido y suelto; rajado desde el principio, se cerró en tablas y cuando alguna vez embestía siempre lo hizo con la cara por las nubes. “El Cid” anduvo muy perdido y su larga y desdibujada labor aburrió tanto al público, que ya es raro porque nos tiene acostumbrados a aplaudir cualquier cosa, como al aficionado. Por su parte, el que hizo cuarto fue un auténtico buey de 635 kilos, muy dotado por delante, pero nada más, se movió, pero sin ton ni son. Ahora, como dicen los toreros, se dejó. Poco hay que destacar del quehacer de “El Cid” que está, lamentablemente, para sopitas y buen caldo. No se entregó, no lo vio claro. Se fue como vino: entre silencios.

César Jiménez, un damnificado del G10, estuvo toda la tarde muy mecánico y no acabó de ceñirse debidamente; se echó fuera a sus toros demasiadas veces, en definitiva le faltó alma, transmisión, el dar el paso p'alante que hay que dar en todas las plazas y sobre todo en la de Madrid. El primero de su lote fue soso en todos los tercios; en la muleta fue la tonta del bote; lo intentó por ambos pitones, pero la falta de acople que hubo entre toro y torero en algunos momentos, así como la nula emoción que derrochó su enemigo, hicieron que la faena fuera sosa y aburrida. El dicho de “no hay quinto malo” volvió a fallar, pues el segundo del lote del torero de Fuenlabrada, afincado en Candeleda (Ávila), fue basto, serio y abueyado de hechuras. Se fue a la puerta de arrastre a buscar al picador y cuando notó la puya escapó como alma que lleva el diablo y además le dejó sin ganas de arremeter contra el otro varilarguero, sólo le husmeó; con estas credenciales en la suerte de varas había poco que esperar en el último tercio, al que llegó sin fijeza, con un comportamiento muy informal y siempre con la cara alta y suelto. Podemos destacar algún pase suelto, pero lamentablemente los de pecho fueron muy, muy despegados, vamos que entre toro y torero pasaba un tiro de mulillas. Se fue como vino: entre silencios.

Día 16 de mayoIván Fandiño se ha convertido en el torero de Madrid y no seré yo quien le quite merito a su raza, valentía, etc. Su temerario quite por gaoneras al segundo de la tarde fue una declaración de intenciones de lo que iba a ser su actuación en Las Ventas. Descastado y manso fue el primero de su lote, la verdad es que fue una auténtica porquería, había cantado la gallina en el capote pasando sin humillar; lo rubricó en varas en una pelea corta, sosa y sin entrega. En la muleta siempre con la cara arriba y rajado buscó la huida. No tuvo ninguna clase. Lo único bueno llegó en el que cerraba plaza, un cinqueño atacado de kilos que ofreció más opciones pero sin ser un animal fácil. Tuvo un buen pitón derecho, pero había que aguantarle mucho, cruzarse y mandarle con mano baja y firme. Fandiño lo hizo y consiguió hasta dos series de notables derechazos, no más. Por el pitón izquierdo bajó la intensidad del trasteo, pues el astado por ese lado no era tan claro. Iván se amontonó por dicho pitón. Habría sido de justicia la oreja, pero la estocada cayó muy baja, provocando derrame en el toro. Hubiera sido suficiente con una vuelta al ruedo con fuerza, pero eso es de otra época. Se fue con una oreja en el esportón.

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