Menos aburrimiento, hubo de todo

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Menos aburrimiento, hubo de todo

  • JULIO APARICIO: Bajonazo de infame, dos pinchazos, dos sartenazos y descabello. Bronca. Pinchazo, media delantera perpendicular y dos descabellos. Bronca.
  • CURRO DÍAZ: (Bajonazo de escándalo. Silencio. Estocada desprendida que vale. Silencio.
  • EDUARDO GALLO: Pinchazo sin soltar y estocada caída. Saludos desde el tercio. Estocada caída y descabello tras aviso.

Día 15 de mayo No me ha gustado nunca que los espectadores sembraran el albero de la plaza de almohadillas para manifestar su descontento por la actuación de un torero. Este hecho ha sido siempre una característica de los toreros artistas, cuando no tenían su tarde. Pero hay que destacar algunos detalles al respecto: el aficionado no creo que manifieste su descontento de esta manera, ya que conoce el comportamiento de estos toreros, capaces de hacerles olvidar la crisis económica o llenarlos de pesadumbre al verlos deambular por el ruedo como alma que lleva en pena. Han sido siempre toreros de amor y odio, algunos hasta en una sola tarde, pero nunca manifestar el descontento lanzándole almohadillas o algún otro objeto. El aficionado protestará siempre cuando alguien trate de atentar contra la pureza de la fiesta, pero se cuidará mucho de perjudicar a los profesionales que se visten de luces, por muchos motivos que tengan en su haber, ya que para eso están los representantes de la autoridad, aunque en la mayoría de los casos no ejerzan las funciones que les son encomendadas. Y sin ánimo de hacer demagogia, ¿por qué este público que tira almohadillas a los toreros, no manifiesta su descontento cuando tratan de engañarnos los taurinos atentando fraudulentamente contra la fiesta?

Ayer ocurrió de todo en la plaza, de todo, menos aburrimiento. Toros que mansearon, toros que se dejaron pegar en los caballos, otros acometieron rayando en la bravura, picadores que sufrieron con el fin de parar las acometidas de sus enemigos, animales que empujaron en el caballo con clase, poniendo de pie a los aficionados, incrédulos porque no se creían lo que estaban viendo. Hubo hasta un piquero que picó arriba, y claro, tuvo que apretar para intentar atemperar la acometividad de su enemigo, para que no derribara su montura. Hubo un toro que se arrancó de largo y el piquero lo enganchó en el morrillo sin tener que rectificar. Otro toro trasladó de tendido al caballo y a su montado empujando. Hubo picadores que picaron trasero y algunos en la paletilla. Con todo esto, el tedio se quedó en casa.

En la parte negativa, hubo toros que mansearon, buscando las querencias desde que salían al ruedo. La mayoría de ellos no facilitaron las cosas a los coletas, ya que presentaron muchas dificultades, sobre todo en el juego que dieron en la muleta. Julio Aparicio, aparte de no tener su tarde en cuanto al lote que le tocó en suerte, se inhibió también en sus funciones de director de lidia e incluso permitió que dos banderilleros de la cuadrilla de Eduardo Gallo estuvieran solos en el anillo de la plaza a merced de su enemigo cuando intentaban parear al sexto de la tarde, mientras él estaba junto al burladero del 5, mostrando una falta de profesionalidad impropia de alguien que se viste de luces. Eso no, matador, si su corazón ha dejado de ser torero, retírese. La afición sentiría mucho perder a un torero de sus características, pero eso es lo mejor para Ud. y para la fiesta.

Día 15 de mayo El único torero de la terna que tuvo a un enemigo que le permitió sacar de su muleta algunas esencias de temple y ligazón fue Gallo en su primero, hasta que el toro sacó a relucir lo que llevaba dentro. Al inicio de faena se dobló con él, consiguiendo un gracioso cambio de manos y un pase de pecho de pitón a rabo. Aguantó un gañafón de su enemigo, que le puso los pitones en el cuello y comenzó a protestarle por ambos pitones. El toro necesitaba una muleta poderosa para someterlo, algo que el torero no hizo y no estuvo a la altura. En su segundo se dobló con torería, pero cuando intentó pasarlo de muleta el toro comenzó a defenderse y lo que necesitaba era un torero con dotes lidiadoras y no el toreo bonito que trató de imprimir Gallo.

Curro Díaz en su primero se encontró con un animal que sólo le permitió con la muleta un trasteo y a eso se limitó el espada. En su segundo se dobló con él, intentando meterlo en la muleta, pero su enemigo no estaba por la labor de colaboración. Le costaba tragarse los muletazos y su único propósito era marcharse a toriles. El espada de Linares lo intentó pero, después de sufrir un desarme en la querencia, decidió despenarlo.

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