Novillada fallida

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09 de mayo de 2016 | Escrito por Antonio Martínez Verdasco | Fotografías de Iván de Andrés

Seis novillos de El Parralejo. El tercero, devuelto por falta de fuerza, fue sustituido por un sobrero de José Vázquez, manso, más inválido todavía. Desiguales de trapío, sosos, mansos y descastados.
Primer toro: Hostelero, de 443 Kg. Alegre de salida. Entra dos veces al caballo y aunque recibe poco castigo, sale muy tocado después y pierde las manos dos veces. Destacar un buen quite de Ginés Marín. En la muleta se apaga defintivamente. Algunos pitos camino del desolladero.

Segundo toro: Libertador, de 471 Kg. Más justo de presencia. Avanto al salir a la plaza. El tiempo que transcurrió hasta el caballo fue lo que duró el toro. Se dejó picar, aunque el corto tercio de varas fue más bien un simulacro. Pastueño en la muleta, se dejó hacer una larga faena de cortas distancias sin rechistar. Aunque más emocionante fue la pelea en los tendidos que en la propia plaza. Ya algunos empezaron a preguntar en alto por qué venían estos chicos con estos toros, y que se dijera eso tan evidente molestaba a otros. Silencio.

Tercer toro: Manuero, castaño de 455 Kg. De escaso trapío, el más vivo de salida. Se deja pegar en el caballo. Como sus hermanos, sale muy tocado de la segunda vara y cae en un quite de Álvaro Lorenzo. El presidente devuelve el toro a los corrales.

Sobrero: Discordia, negro de 460 Kg, de la ganadería de José Vázquez, de Colmenar Viejo, de encaste similar actualmente a la ganadería titular. Más serio y ofensivo, parecía otra cosa de salida. Más de trote que de galope, frente al resto de novillos lidiados. Recibe dos varas y se sale suelto. Después de caer en el primer pase de la faena de muleta, no deja de hacerlo hasta doblar, por agotamiento y probablemente también por aburrimiento. No volvió a recuperarse el toro. Desilusión para Varea, que había brindado al público con ilusión. Pitos en el arrastre.

Cuarto toro: Desafío, de 472 Kg. Recibe dos picotazos. No se emplea en el caballo y finalmente se repucha, aunque recibe muy poco castigo. Había miedo a que se acabara también este novillo. Dos banderillas acaban en el costillar bajo (las dos primeras) y el último par cerca de la paletilla. En la muleta fue el que mejor se dejó torear, con nobleza infinita, sello del encaste y elemento fundamental de la fiesta que quieren los toreros, lo que no impidió que enviara al diestro a la arena, lo que ayudó a lograr la vuelta al ruedo.

Quinto toro: Ostrero, de 434 Kg, el otro castaño del encierro y el más pequeño aunque el de cabeza más rematada. Con el primero, el más astifino de la corrida. Se empleó poco, mostró escasa fijeza. En el tercio de varas se repuchó y renunció a pelear. En la muleta continuó su comportamiento, lo que impidió el lucimiento a su matador.

Sexto toro: Rebueno, de 460 Kg. De salida huidiza, el de más trapío de todo el encierro. Se asustó al ver en el suelo a Varea de rodillas al entrar en la plaza y le regateó por su derecha. Manseó en todos los tercios. Recibió los dos mejores pares de banderillas de la tarde de manos de Iván García, que junto con sus compañeros de cuadrilla recibió la justa ovación en el tercio desmonterándose. Salió suelto en varas. En la muleta dio poco juego, sin responder a los arrimones del matador.


Álvaro Lorenzo: dos pinchazos, media estocada baja y tendida (tras cambiar a suerte contraria) y un descabello (silencio); estocada trasera (apreciable petición de oreja no mayoritaria y vuelta protestada, que da por su cuenta, después de recibir una ovación en el tercio).

Ginés Marín: media baja y tendida (aviso) (silencio); media estocada delantera (silencio).

Varea: media estocada baja, un descabello y el novillo se tira al suelo (silencio); tres pinchazos y estocada (aviso) (ovación).


Se lidiaron seis ejemplares de la ganadería de El Parralejo (formada en 2007 con reses de Jandilla y Fuente Ymbro, ambas del mismo encaste Juan Pedro Domecq) para los novilleros Álvaro Lorenzo, Ginés Martín y Jonatan Blázquez, más conocido como Varea.

A priori la novillada se presentaba interesante. Por un lado, la joven ganadería acababa de triunfar en marzo en la plaza de Valencia y los tres espadas, de lo más cuajado del escalafón y con una trayectoria meritoria hasta el momento, venían a presentarse a Madrid a muy poco (menos de una semana) de graduarse como matadores en plazas francesas de manos de nuestras más afamadas figuras.

Sin embargo y por desgracia, a pesar de estos atractivos, la tarde resultó finalmente decepcionante. Los novillos, descastados y la mayoría inválidos y mansos. Los de luces no pasaron de cumplir un mero trámite, quizá innecesario a la vista de los resultados. Total, una tarde sin pena ni gloria, como tantas.

Lejos quedan los tiempos en que los novilleros habían de demostrar al mundo del toro su valía con arrojo y emoción para ganarse los contratos. Más bien parece que la carrera de algunos elegidos, al menos inicialmente, está programada de antemano, y que no parece necesario para sus responsables que se expongan a riesgos innecesarios que puedan empañarles triunfos futuros. Para qué, si el público no les va a exigir más. Si desde el inicio pueden evitar ganaderías duras, para qué buscar problemas. Exigencias, al parecer, del toreo moderno. La corrida venía, en cuanto a presentación, bastante justita para lo que esta plaza merece. Astifinos, sí, pero sin exageraciones. En general, bastante parejos. Su peso, entre 434 y 472 Kg. Pero lo que más decepcionó de ellos fue su comportamiento: aunque nobles, manifiestamente descastados, sosos, en general mansos y con las fuerzas contadas, cuando no inválidos, algunos de escándalo, como el sobrero de José Vázquez que reemplazó al ya débil titular, que curiosamente fue el animal que mejor embistió de salida, lo que son las cosas. Lo que debió apenar a Varea. En un quite se lo tiraron y el presidente lo tuvo que devolver.

El que no manseó descaradamente, se dejaba pegar en el caballo sin rechistar el animalito; pero bravo, lo que se dice bravo, ninguno. Tarde, pues, efímera en cuanto a toros, ninguno de los cuales mereció en su arrastre más allá del silencio. Aunque estas cosas no son tan raras de ver, de hecho es el pan nuestro de cada día. Y cuando fallan los toros, ya se sabe lo que podemos esperar de lo demás.

El ambiente de la plaza prometía, sin embargo, algo mejor. El aforo, más de media entrada. Y aunque la fresca y lluviosa primavera que nos acompaña nos deparó una tarde sombría, la plaza estaba impecable a las siete de la tarde. A este respecto, destacar los esfuerzos de Juan Cubero, sus areneros y sus camiones de arena. Los que acudimos pronto a la plaza fuimos testigos de su eficaz trabajo. El resultado final: una arena practicable, sin barro, lista para la lidia. Empezó la corrida y se puso a llover. Quizá fue una premonición. En cuanto a la presidencia de don Fusto Polo, no tuvo a mi juicio problemas importantes que reseñar.

LOS TOREROS
El toledano Álvaro Lorenzo demostró buenas maneras en su primero en una faena con la mano muy baja, que duró lo que duró el animal permitía. Mató mal. El público le compensó con su silencio. Poco para lo que parece que nos puede ofrecer el toledano, que en el cuarto desarrolló una faena con son, con la mano muy baja, gustándose. Remató de estocada un punto trasera, después de sufrir una voltereta que espoleó al público. Quizá por la voltereta, por los pañuelos que vio o por la ovación que escuchó al salir al tercio a recibir los parabienes, lo cierto es que acabó por arrancarse para completar una vuelta al ruedo que fue muy protestada. Como suele pasar en esta querida plaza, otros aceptaron el reto y aplaudieron. Pero la cosa no merecía tanto debate y al final todos acabaron callando sin más. El toledano se fue a casa con el gusto de haber cosechado en Madrid al menos una pequeña recompensa.

En su primero, Ginés Marín mostró detalles de su clase, especialmente durante el primer tercio. Después, sin toro, desarrolló una faena larga, monótona y carente de emoción. Este diestro parece aficionado a las distancias cortas. Bien la serie final de manoletinas. Mató de media descaradamente baja. Silencio. En el quinto de la tarde salió decidido a buscar el triunfo, lo que no fue posible por la ausencia total de colaboración del novillo, que no iba con aquello de embestir. Mató de media estocada delantera.

Varea recibió al tercero aseadamente, comprobando su embestida de calidad hasta su devolución. Con el sobrero no pudo hacer nada porque el novillo se vino abajo desde el inicio de la faena de muleta. Mató de media estocada baja. Silencio. En el que cerró plaza salió a recibir de rodillas a portagayola, que no pudo ejecutar por la huida del toro. A pesar de recurrir a las distancias cortas, solo recibió del toro indiferencia. Mató mal tras tres pinchazos y una estocada. Silencio.

 

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