Rafael Cerro lo tuvo y no lo aprovechó

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Rafael Cerro lo tuvo y no lo aprovechó

  • Diego Silveti: Pinchazo y estocada. Silencio. Pinchazo, pinchazo hondo y cinco descabellos. Dos avisos. Silencio.
  • Víctor Barrio: Estocada. Saludos tras leve petición. Seis pinchazos y descabello. Aviso. Silencio
  • Rafael Cerro: Bajonazo. Aviso Saludos. Estocada caída. Aviso. Silencio.

Día 30 Vaya petardo de novillada nos trajo El Ventorrillo, ahora en manos de Fidel San Román. La casta no apareció por ningún lado y tan solo el sexto nos sacó un poco del sopor; un ejemplar con muchas posibilidades en el último tercio pero que desgraciadamente no fue aprovechado por Rafael Cerro, que tuvo la “fortuna” de que le correspondiera en suerte. Ya no es que fuera superado por su oponente, cosa que a un novillero se le debe perdonar, el problema es que nunca intentó hacer las cosas como deben hacerse. El cite siempre descolocado, la pata siempre para atrás y embarcando siempre en línea recta. Aun así pudo ligar algunas series, pero más por mérito del novillo, que nunca se cansó de embestir. De todas formas es un novillero al que hay que esperar porque tuvo detalles como el saludo y el comienzo de faena al primero. Tiene que mejorar conceptos y a lo mejor puede llegar a algo.

El mejicano Diego Silveti pasó completamente desapercibido. Ante dos enemigos similares no supo por dónde cogerles. Dos faenas calcadas en sosería tanto del torero como de los novillos. Además en su primero sufrió una fuerte voltereta por fortuna sin consecuencias.

Día 30 Víctor Barrio cerraba la importante apuesta realizada en este San Isidro con su segundo paseíllo, cosa poco frecuente últimamente entre los novilleros y más los de cabeza del escalafón. No le han salido al segoviano las cosas como él quería. Más bien todo lo contrario. Muchas ganas siempre se le ven, no perdonando un quite, yendo a portagayola, toreando de rodillas… pero más allá de esto no aportó mucho más. Siempre estuvo perfilero y sin bajar la mano. Su primero se dejó en la muleta pero no se acopló nunca, abusando de las cercanías cosa que el novillo protestaba. Su segundo era muy flojo, perdiendo las manos a menudo. Aun así se puso muy pesado y encima dio un mitin con la espada. El aldabonazo que se proponía dar no ha llegado en ninguna de sus dos actuaciones y ante el aficionado ha quedado como un torero más que abusa mucho de los trucos y del destoreo, tal y como vemos día sí y día también a la mayoría de sus compañeros del escalafón superior, con lo que su futuro en esta profesión tal y como están las cosas es muy halagüeño.

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