Sin tercio de varas no hay bravura, digan lo que digan

Ampliar Portada

13 de mayo de 2014 | Escrito por Yolanda Fernández Fernández-Cuesta | Fotografías de Constante

Se han lidiado seis toros de la ganadería Parladé desiguales de presentación, justos de trapío, en algunos anovillados que mansearon en varas, blanditos pero llegaron repetidores, embistiendo y con movilidad a la muleta. Tres cuartos de entrada, calor.

Toros: 1º.- Hampesco, 523 kilos, manso, flojo, pero embestidor en la muleta; puyazo caído y trasero, sale y pierde las manos, después del segundo picotazo también trasero cae dos veces, sale suelto. Silencio.

2º.- Cabreíto, 514 kilos, tocado de defensas, anovillado, manseando, repetitivo en el tercio, final pero a menos. Acude al relance, suelto al caballo sin colocar, recibe dos picotazos, simulacro de tercio. Ligeras palmas en arrastre.

3º.- Idealista, 495 kilos, sin trapío, manso, flojea, embestidor y noble. Picotazo trasero sale suelto, empiezan las protestas, entra de nuevo al relance pero no se le pica; cae el toro y se pide la devolución al palco; protestas. Silencio.

4º.- Gruñidor, 518 kilos, tocado de pitones, manso, muy justito de trapío, embistiendo en la muleta. Picotazo en los bajos, rectifica y mete trasero otro picotazo. Silencio en las mulillas.

5º.- Rapiñador, 509 kilos, manso en varas, feo de hechuras, de embestida boyante y exigente en la muleta. Picotazo caído y nada más... No se le picó. Aplausos en arrastre.

6º.- Teatrero, 540 kilos sin trapío el más anovillado, tocado de defensas, manso, embestidor. Picotazo al encuentro, levantando la cabeza, sale suelto y sin poner en suerte recibe otro picotazo. Silencio.
 


Manuel Jesús “El Cid”: vestido de grana y oro. Estocada tendida, trasera, dos descabellos; aviso; silencio. Estocada casi entera algo atravesada; silencio.

Iván Fandiño: vestido de rosa palo y oro; estocada algo caída entera, petición de oreja concedida; división de opiniones. Oreja y protestas de parte de los aficionados. Con gran valor y mérito intenta entrar a matar desarmado sobre el toro que provoca un revolcón, de nuevo vuelve a entrar desarmado y encunándose sobre la testuz del toro deja una estocada; al tercer descabello cae el toro y recibe un aviso. Oreja y Puerta Grande.

Ángel Teruel: vestido de espuma de mar y oro; estocada trasera, desprendida; silencio. Media estocada baja, descabello, un aviso; silencio.


Presidente: Justo Polo que recibió fuertes protestas de buena parte de la afición por no cambiar al blandísimo tercero de la tarde y pitos desde el 7 por la concesión de la primera oreja a Fandiño.

Tercio de Varas: los toros apenas se picaron, especialmente el quinto; picotazos al encuentro, pues prácticamente todos mansearon en varas: Simulacros de puyazos, más bien traseros y saliendo sueltos del caballo. Entrando al relance sin poner en suerte. Como casi siempre, a los toros de este encaste no se les pica, cosas del toreo moderno.

Cuadrillas: destacar la labor de la cuadrilla de Fandiño al quinto, resaltando a Miguel Martín y a Jesús Arruga en banderillas; en lo negativo hay que reseñar el mal momento que atraviesa ese gran torero que es el Boni espero que cambie su actitud.


Tarde de paradojas y contradicciones. Puerta Grande abierta con la llave de la emoción por un torero de gran valor pero que no se debió abrir. Toros embestidores que repetían en la muleta pero que no dieron juego ni presentaron síntomas de bravura en varas ni en banderillas. La tauromaquia de hoy, triunfos basados en toros que no resisten el análisis de los tres tercios y orejas pedidas por públicos enardecidos y pañueleros que no saben calibrar la auténtica validez de una faena. Que los toros de Parladé dieron un juego interesante, nadie lo duda; que nos vamos a tragar encierros mucho peores, también…pero de ahí a exaltarlos como ¡bravos encastados, la posiblemente mejor corrida de toros de la feria, la casi seguro candidata al mejor encierro, la más noble y boyante…! y más expresiones exageradas que incluso sin acabar la corrida se oían en los medios y llenaban las redes sociales, va un abismo. Algo de todo eso tuvo no se puede negar pero también que salió flojita, anovillada, no fue picada, algunos mansearon en varas, se dolieron en banderillas, el primero y el cuarto no dejaron de berrear y no se emplearon empujando con los riñones al caballo. Se me dirá que un distinto comportamiento hubiera significado no llegar al tercio de muleta y claro ahí está el nuevo mantra de la tauromaquia moderna, solo se debe dar importancia al último tercio. El propio ganadero reconoce en entrevistas y coloquios que él cría toros para el torero y éste quiere el lucimiento en la muleta, ahí están las orejas. Para agradar al público poco exigente que hoy va a las plazas (el caso es que vaya al precio que sea). Vale ¿y la bravura del toro, qué? ¿ no se debe medir en el caballo?, ¿ y la suerte de varas, no es un tercio fundamental de la fiesta?. Ya hemos llegado al quid de la cuestión, en el toreo moderno no interesa esa suerte; ya no se pica a los toros; pues que la supriman y así yo y muchos como yo, nos borramos de esto y a nuestra casa: Pero mientras, que no nos quieran engañar con el camelo de una bravura que no fue, sino que eran toros nobles, que repetían por derecho en la muleta, sin peligro sordo, embestidores…un caramelo para los toreros que ni aun así estuvieron por encima de los toros.

El Cid, ausente, desbordado, sin ideas: ¡qué fue del torero poderoso del pasado otoño!, siempre se le espera un destello de torería, un natural…pero fue inútil. Ni se acopló con el primero con el que se vio desbordado, dando pases a media altura, limitándose a acompañar las embestidas del toro, abusando de ayudados para prevenir percances y manifestando sus carencias. Un recital de impotencia. En su segundo, cuarto de la tarde, más de los mismo. Intentó torear con el capote pero nada y con la muleta se vio sin recursos ante un toro repetidor que exigía estar firme y que se le toreara; el toro siempre con la cara alta, ya lo había hecho en el caballo, los doblones finales de la faena no lograron transmitir emoción ninguna. Tarde patética de un gran torero que había bordado en esta plaza unos meses antes quizás una de las mejores faenas de los últimos años, por eso un respeto a El Cid.

Fandiño fue el triunfador; venía con ganas de vengarse del Parladé del año pasado que le privó de salir andando triunfante de las Ventas. Fandiño conoce bien al público de Madrid, sabe lo que quiere y las dosis de emoción y valor que debe emplear para conseguir orejas, es un torero querido y respetado. Pero eso no invalida mi opinión de que la puerta grande fue un exceso; sobre todo porque la primera oreja no debió de haberse pedido, se me dirá que fue legítima pues hubo mayoritaria petición, bien; pero la faena no hizo méritos para ello. Estuvo por debajo del toro, acompañando el viaje, hasta la cuarta tanda no vimos dos naturales de ley…eso sí dando distancia y templando; el toro se vino arriba y le complicó las cosas cuando comenzó a reducirle las distancias para el arrimón final. Desbordado por el toro que boyante, repetía sus embestidas sin el torero terminar de dominarlo, por lo que acudía levantando las manos e incomodando al torero; al final con una tanda de manoletinas calentó al público, pero torear de verdad, poco. Tras la estocada una oreja, con protestas. Salió el quinto, Rapiñador, ningún toreo de capa, no hay tercio de varas, el torito crudo para el toreo moderno de muleta; Fandiño a por todas, ve casi abierta la puerta de Alcalá y busca salir por ella, algo que en justicia lleva diez años esperando. Pases efectistas por detrás, con la izquierda enganchones, el toro embistiendo en oleadas y el torero obligado a colocarse en mejores terrenos y aprovechando el viaje, faena desigual con algunos derechazos templados al final pero con poco dominio sobre la res que embestía con claridad y nobleza… y en esas, tiró la franela al suelo y entró por derecho a matar, revolcón, susto, gritos, y otra vez…esta sí encunándose sobre el testuz. Lo imprevisible valeroso gesto sin duda con grandes dosis de emoción, hizo estallar al público en aplausos, que asustado sacó rápidamente el pañuelo. Si el toro cae, le habrían dado las dos orejas, pero necesitó dos descabellos. Oreja merecida por el arrojo pero no para abrir las puerta grande, pero claro, en Madrid una+una es triunfo apoteósico.

Ángel Teruel, es un torero ortodoxo, se sabe los cánones de torear, realizó los pases más puros de la corrida incluso en el sexto vimos unos pases de gran torería, pero le falta corazón y entrega; me pareció un torero frío, con la lección aprendida pero sin coraje; así no se puede venir a Madrid. Como con desidia oda la tarde, no se molestó ni en poner a sus toros en suerte en el tercio de varas. A su primero le toreó desde fuera, despegado y con muchas precauciones pero nos dejó destellos de gran torería en unos buenos naturales. Faenas desiguales. Al torear después de Fandiño tampoco el público, ignorante a las bondades de sus pases, le prestó a tención. Pasó sin pena ni gloria, y eso es lo peor que le puede pasar a un torero.

Comparte esta publicación

Te Recomendamos