Tarde de aburrimiento

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Tarde de aburrimiento

  • El Cid: Estocada en los bajos y estocada menos baja. Aviso Silencio. Estocada trasera, aviso y descabello. Aplausos.
  • Miguel Ángel Perera: Estocada baja. Silencio. Bajonazo infame. División de opiniones cuando saluda.
  • Iván Fandiño: Pinchazo y estocada desprendida tirándose por derecho. Saludos desde el tercio. Estocada muy trasera y atravesada. Descabello. Silencio.

En esta ocasión tocó el tedio, ya que ningún torero supo salir de la vulgaridad en que están inmersos practicando el toreo moderno que, al parecer, les va muy bien. Hasta Iván Fandiño, que sustituyó a Castella, tampoco mostró la predisposición que se le ha visto en anteriores comparecencias y solo destacó con algunos destellos en las faenas a sus dos enemigos. El Cid estuvo vulgar, limitándose a pegar pases al hilo del pitón y sin pisar esos terrenos que marcan la diferencia entre el buen toreo y lo que impera en la actualidad ¿Dónde habrá metido este torero la mano izquierda que tenía antaño y que no ha vuelto a lucir desde entonces? ¿Será que alguien le ha llamado al orden para que no destaque entre la vulgaridad que muestran todas las figuras? Ocurren tantas cosas raras en los despachos de los taurinos que no le extrañaría a nadie que así fuera.

Día 22 de mayo El ganado que presentaron los Hermanos Lozano, salvo el quinto y el sexto, estuvo mal presentado y aunque no rodó por la arena tampoco fue una fuente de casta ni de bravura, ya que muchos de ellos mansearon en el caballo y no se entregaron en la pelea que los coletas trataron de presentar, cada uno interpretándolo a su manera. También hubo toros que se dejaron y otros que pusieron en aprietos al torero que le tocó en suerte, como ocurrió con el sexto, un toro de embestida incierta y que le costaba tragarse los muletazos, pero al torero vizcaíno se le vio en un tono más prudente que otras ocasiones. Con su primero, un toro más boyante, llevó a cabo una faena larga y con altibajos, donde destacaron algunos pases sueltos templados y bajándole la mano al burel, pero a su faena le faltó hondura. Al final adornó la faena con unas bernardinas muy ajustadas, cerradas con un pase de las flores que resultó muy bonito y levantó los ánimos en los tendidos.

El Cid lo intentó con sus dos enemigos, pero no resultó, o por lo menos no convenció a la afición. Toreó al hilo del pitón, acelerado, tratando de imprimir a sus faenas un toque de cantidad en lugar de calidad y aunque logró algunos muletazos templados dista mucho de ser aquel torero poderoso que podía con todos los toros, mostrando en este escaparate taurino, que es la plaza de Las Ventas, una izquierda que nadie ponía en duda, Hoy, sin embargo, no es así.

Día 22 de mayo Miguel Ángel Perera estuvo como ausente. Desconocemos qué motivos puede tener para estar alejado de aquel toreo que le permitía pisar esos terrenos donde los toreros son respetados y admirados por la afición, pues es el lugar desde donde se manda y de la muleta solo sale la verdad. En su primero, un manso bravucón, basó su faena al hilo del pitón y sin cruzarse en ningún momento. Alguien de su entorno debería decir a estos jóvenes: “A Madrid se viene a torear, no a dar pases”, pero puede ocurrir que los empresarios lo hayan contratado con este fin. Todo puede ser. Al final, intentando convencer a los asistentes, se puso pesado y claro, terminó de rematar los ánimos de los aficionados. A su segundo lo recibió con el pase cambiado y al repetirlo casi lo arrolla, tuvo que desplazar el cuerpo para que no ocurriera así. El toro blandeó de las manos y consiguió dar unos redondos templados pero sin cargar la suerte y metiendo el pico; sería para aliviar la embestida de su enemigo. Al final el burel se rajó y se le marchó a tablas, harto de tanta vulgaridad y de la pesadez a que le estaba sometiendo el torero. Pero éste no se amilanó y siguió tras él en busca de la faena soñada hasta los tendidos del sol y allí fue donde su toreo encontró el reconocimiento de un público agradecido que valoró lo que no habían hecho otros sectores de la plaza. Así es la fiesta de los toros, unos ven una faena cumbre y otros la señalan como vulgar y aburrida. Al final se enfadaron algunos porque otros mostraron su desacuerdo con el toreo de Perera. Por fin, a eso de las 9:30 de la noche y después de una tarde soporífera, todos se marcharon para sus domicilios tratando de buscar los motivos que justificaran la asistencia a este tipo de espectáculos. Seguro que no lo encontrarían pero mañana volverán a llenar los tendidos.

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