Triunfador de la feria: uno de plata, David Adalid

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07 Octubre 2012 | Escrito por Joaquín Monfil. | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Seis toros de Palha, cinqueños los dos últimos y el resto a punto de serlo, desiguales, mal presentados, en general muy mansos y justos de fuerza, algunos con casta, desarrollando genio por la mala lidia recibida, mal picados y tratados con muchas precauciones debido a su evidente peligro pero casi todos defendiendo su condición de toros, no de borregos al uso.

1º) Yegüero. Escaso trapío, manso y poca casta. Un puyazo trasero y caído y luego señaló un buen picotazo arriba Juan Alfonso Doblado. Comenzó bien en la muleta por el derecho pero no por el izquierdo. No le entendió Robleño y al final se rajó. División.

2º) Preocupado. Precioso jabonero de capa pero una raspa anovillada y poca fuerza. Manso. Recibió un puyazo trasero de Fernando Sánchez tapándole la salida y un picotazo trasero. Creando luego problemas por su poca fuerza y casta. Silencio.

3º) Zorro. Manso encastado y con algo de poder, entró al caballo de Juan Carlos Sánchez, desmontando al picador tras recibir un puyazo trasero. En la segunda entrada otro puyazo aún más trasero, rectifica pero el toro no se emplea. En banderillas apretó hacia los adentros y en la muleta se fue quedando a la defensiva pero Aguilar le plantó cara con cierta emoción. Algunos pitos.

4º) Peluquero. El de más trapío, castaño con guasa. Puyazo trasero y caído de Francisco Plaza y el toro empuja con el pitón izquierdo y un segundo más trasero. Esperó en banderillas y creó problemas, haciendo que Robleño retomase el capote para lidiar en el segundo tercio. Un regalito en la muleta, metiéndose inicialmente por el derecho, aunque luego lo hizo por los dos. Robleño se fajó por abajo, macheteándole antes de irse a por la espada. Pitos.

5º) Cartolito. El más cornalón pero mal rematado, cinqueño muy justo de casta, poca fuerza y con algún problema en la vista, dando problemas a todos. Puyazo trasero de Tito Sandoval y picotazo trasero. Perdió las manos varias veces y se pidió su devolución pero el palco lo mantuvo. En banderillas no quiso salir a los medios, Adalid le pareó al sesgo asomándose al balcón y el toro le persiguió hasta las tablas las dos veces. La plaza se puso en pie. En la muleta embistió sin emplearse y sin dar la menor facilidad, aunque Castaño lo intentó. Pitos.

6º) Pintarracho. Otra raspa cinqueña mal presentada. Muy manso, encastado y abanto, no fue parado de salida y se fue al picador de puerta al verlo, recibiendo un picotazo escapando al de tanda, Francisco Javier Sánchez que, parado en el 1, le dió otro picotazo escapando de nuevo. Ya puesto en suerte tomó un puyazo trasero y un picotazo trasero, éste último al relance. En banderillas quedó receloso y los peones lo pasaron mal, poniéndolas de una en una. En la muleta, el torero le plantó cara por el izquierdo, sacándoselos de uno en uno y el toro terminó embistiendo por ahí pero no por el derecho, por el que se acostaba. Una vez Aguilar se confió y tuvo que soltar la muleta y escapar. El toro tuvo peligro hasta el final defendiéndose. Algunos pitos.


FERNANDO ROBLEÑO (de pistacho y oro). Pinchazo tendido, trasero y caído y estocada trasera y caída. PALMITAS. Casi entera caída, tendida y atravesada. PALMAS.

JAVIER CASTAÑO (de azul marino y oro). Estocada trasera y tendida quedándose en la cara y recibiendo luego un palizón, especialmente en la ingle y la rodilla. Descabello. SALUDOS DESDE EL TERCIO. Dos pinchazos sin soltar echándose fuera y estocada trasera y atravesada. SILENCIO.

ALBERTO AGUILAR de azul celeste y oro). Estocada trasera desprendida . SALUDOS DESDE EL TERCIO. Pinchazo hondo tendido y caído que escupe y estocada caída. PALMAS.


Cuadrillas: Mal los picadores, picando todos trasero excepto Juan Alfonso Doblado en la segunda entrada, aunque en este caso sólo fue un picotazo. Muchas precauciones para poner los palos en casi todos, excepto los dos extraordinarios pares de David Adalid en el quinto y buenas lidias capoteras de éste en el segundo y de Rafael González en el tercero.

Presidencia, incidencias y otros: Presidió don Manuel Muñoz Infante, sin problemas. Javier Castaño pasó a la enfermería y salió muy mermado físicamente para vérselas con el quinto. Tarde veraniega y unos tres cuartos del aforo.
 


Final del ciclo de Otoño en Las Ventas y tras los descastados festejos anteriores, al fin vimos una corrida de toros, mala sí, pero con toros de verdad, de los que defendían su terreno. Y eso que las reses que hoy presentó don Joao Folque no fueron al parecer las que él tenía previstas, pues inicialmente no le aprobaron varias. Pero al menos no hubo remiendos y se lidió la corrida completa. La presentación penosa, desigual, mansa, al límite de sus fuerzas y de su casta pero a pesar de todo si no creó el terror y el pavor a muchos de los toreros al menos les avisó y les hizo tomar grandes precauciones. De todas formas, creemos que si los palhas llegan a tener algo más de fuerza hubiese podido ser un corridón, aunque dudamos de que los toreros hubiesen podido con ella, pues aunque con ésta no estuvieron mal pudieron haber estado mejor. Por lo que pudimos ver, esta mítica vacada ha perdido mucho de lo que tenía hace años, sobre todo en casta y en poder. Y basta ya, señor Folque, de hacer tentaderos en nuestra plaza, probando diferentes combinaciones, tanto de vacas madre como de sementales. Así pasa lo que pasa, una escalera en tamaño, en cara, en trapío...y en todo. Solo coincidieron en la mansedumbre. A Madrid hay que traer la cabecera de camada y con un mínimo de garantías, no a ver si hay suerte y a ver qué pasa. Claro que tras ver las mansadas descastadas y las tardes plomizas anteriores por los toros de la familia Fraile, estos palhas parecieron la perfección de la raza. Pero no. Y añadiremos que con tal encierro los tres toreros lo intentaron, a veces se jugaron la vida pero sin embargo tampoco pudieron lucir ni siquiera con unas lidias acertadas. Lo mejor, salir por su propio pie de la plaza.

Fernando Robleño era el primer espada y con su primero nunca le vimos acertar ni con la distancia ni con el temple (muy diferente a como ha estado en Francia este pasado verano), sin confianza, afligido, como si esta plaza le pesase más que nunca, él que siempre se ha superado acá con astados más difíciles aún. Y claro, el toro fue a peor y él también. Sin embargo, el cuarto, ya desde sus inicios, mostró su peligro y él, tras intentarlo sin éxito, le hizo lo que debía, es decir doblarse con él por bajo y por ambos pitones, machetearlo...e irse a por la espada ¡Qué lejos quedan ya aquellos tiempos en que con estos toros avisados, tras los doblones de castigo se volvía a intentar citarles, simplemente para comprobar si se les habían corregido sus malas tendencias..! Eso parece que ya hoy día se ha acabado. A pesar de todo, se le reconoció el esfuerzo a Robleño sin más. Bastante mal trago había pasado, pero...nos quedamos pensando que un guerrero como él podía haber estado mejor. Por eso se limitó a saludar a sus partidarios desde el callejón al acabar su labor. Tal como está montado el tinglado de los taurinos, la TV, el G-10 y esa mafia que todo lo domina en España, de vez en cuando hay que pasar el Rubicón, Fernando, tal como hiciste en Céret y en Mont de Marsan. Y más si es en tu plaza y con tu gente.

Javier Castaño sorteó como primero una rata indigna de Madrid, precioso de capa, sí, pero sin casta, ni bravura, ni trapío ni fuerza. Y no sabemos qué le vió pero tomó más precauciones que si fuese uno de los Miuras de Nîmes que este verano le sirvieron para dar el mayor aviso de lo que puede llegar a ser este gran lidiador, que además deja lucirse a toda su cuadrilla, demostrando que en una corrida de toros no todo tiene que ser la faena de muleta. Cierto es que dejó algún lance suelto y algún remate poderoso pero le faltó emplearse de verdad, con lo que el toro aún fue a menos. Resultó prendido al entrar a matar y quedarse en la cara sin vaciar, con lo que recibió un palizón que le dejaría mermadísimo de facultades cuando salió a matar al quinto, un inválido muy mal rematado pero con unas tremendas perchas y aún peores intenciones. En definitiva, aunque no en fenotipo ni en poder, el más palha de todos en cuanto a su comportamiento. Y Javier tal vez por su falta de físico no pudo...ni se atrevió a dar el paso adelante, ni doblarse por bajo para someterlo, por lo que varias veces el animal le hizo hilo y lo pasó mal. Una mala tarde, en resumen.

Alberto Aguilar fue de los tres el que estuvo con mejor predisposición durante toda la tarde, pero no terminó de rematar sus buenas intenciones. Su primero fue claramente a menos, terminando por quedar marmolillo por completo. Y aunque sus partidarios le jalearon el arrimón final, los aficionados no se lo tuvieron muy en cuenta. El sexto fue un animal manso y sin fijeza, al que ni se le paró ni se le sujetó, pero que ya mostró desde el inicio que por el derecho se acostaba. No sabemos si fue por eso pero el caso es que el tercio de banderillas resultó largo...y penoso, poniendo en todas las pasadas los palos de uno en uno. Y por eso aún se quedó más avisado todavía cuando llegó a la muleta. Albertó le tomó por la izquierda, tomando precauciones ante las embestidas a veces descompuestas del bicho pero aquello nunca terminó de romper, por más que al final lo intentó, pasando algún que otro sobresalto. En resumen, se le agradeció el esfuerzo pero la cosa no pasó de discreta en su conjunto.

Dejamos para el final los dos pares al sesgo en el quinto toro de David Adalid ante un toro quedadísimo, al que tuvo que ganarle la cara para llegar a jurisdicción con evidente peligro y al que que tras parearlo en ambos casos salió garbosamente andando, aunque tras el primer par y pararse el torero luego el toro le persiguió con saña hasta el burladero. Ha sido lo mejor de la tarde...y de toda la feria de otoño. Por eso hemos proclamado triunfador de la feria a David Adalid, un torero de plata madrileño, nacido en San Martín de Valdeiglesias, para que conste. Y el público así se lo reconoció, con la ovación más sentida, larga y atronadora de los cuatro días y la plaza en pie. Todos estuvimos de acuerdo. Sin una sola discrepancia ¡Qué pena que no lo haya visto “El Fandi”! Aunque a lo mejor alguien se lo cuenta...

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