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22 Agosto 2010 | Escrito por Manuel Martínez Fraga | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Toros del Conde de la Maza. Mansos y desiguales de presencia y juego. Segundo y quinto bajan considerablemente el trapío para esta plaza.


Luis Miguel Encabo: Azul marino y oro. Estocada trasera y caída. (Vuelta) Tres pinchazos y bajonazo (silencio)

Alejandro Amaya: Gris plomo y oro. Cuatro pinchazos y descabello (silencio). Estocada trasera (silencio).

Javier Solís: Verde botella y oro. Estocada corta (algunas palmas). Media estocada y tres descabellos, un aviso (silencio).


Presidencia: D. Julio Martínez Moreno. Sin incidencias. Acertó al no devolver el segundo toro.

Cuadrillas: Destacar detalles de buena lidia de Juan José Domínguez y de Julio Campano.

Suerte de varas: Nada que destacar, ningún toro se empleó en varas, se picó mal en general y sólo José Antonio Fernández en el primer puyazo del cuarto toro picó en su sitio, resultando derribado y fracturándose la muñeca.


Es necesario hacer un ejercicio de concentración para, tratando de aislarte, asistir al espectáculo taurino en las condiciones que se daban en el pasado Domingo. Suelo llevar una pequeña grabadora para guardar los comentarios en la tarde que me toca escribir la crónica pues aun no siendo el estilo más purista de tomar apuntes en la plaza, te permite no perder ripia de lo que está pasando. Pues bien, cuando llegado a casa me dispongo a escuchar lo que salía de mi electrónico colaborador, además de la extraña voz de un servidor –siempre que uno se escucha la voz grabada parece la de otro- se oían sonidos de todo tipo, eran expresiones de gente de cualquier lugar de este planeta en cualquier lengua menos en la de don Miguel de Cervantes. Ya sabemos que gracias a estos miles de turistas Madrid sigue siendo una plaza de temporada, aun así perdónenme pero cada vez que se lían a aplaudir por que el toro da la voltereta, a gritar cuando este entra al caballo, a morirse de risa si el picador es derribado o a soltar esos gritillos que se pegan en los rodeos tejanos, al que escribe se le mueven las bilis y se le pasa por la cabeza ponerse desagradable con alguno de estos jóvenes tan exóticos. En cualquier caso, si a alguien le tenemos que agradecer la oportunidad que nos brindan de disfrutar de tan cosmopolita compañía es una vez más a la empresa de la plaza de Madrid que da precisas instrucciones en taquilla para que a todo visitante que pide una entrada de sol, se le coloque en el 7; otra que te meto Aniceto.

Por estas razones y por el calor que nos pega a la chusma que nos juntamos en esas latitudes, la tarde no invitaba a disfrutar.

Me apetecía ver una corrida de este hierro que no lidiaba en Madrid desde hace ya 4 años y que sin prometer nada excepcional, sí es un refresco al la monotonía del encaste bodeguero.

No había venido Encabo a San Isidro esta temporada y todos sabemos las razones. Desde que en 2006 cortara una oreja a un toro de Victoriano del Río compartiendo cartel con Cesar Jiménez y Eduardo Gallo –los tres tocaron pelo- no había pegado un pase en esta plaza. Pues hoy sí; no de forma sobresaliente, pero Encabo estuvo bien. Su primer toro, aun bien armado, era anovillado sobre todo cariavacado, muy feo él. Manseó en el caballo y aunque fue protestado por flojo acabó dando una buena oportunidad a Encabo. De recibo se le vio dispuesto, firmó una buena media. Puso banderillas sin lucimiento pero en la muleta cuidó bien los detalles. Llevó al toro al centro del anillo con ayudados de muy buen trazo y aunque empezó la faena con una tanda por la derecha tomándose sus precauciones, se percibió de que el toro tenía posibilidades ya que este se desplazaba con la cara baja, con lo que la segunda tanda sin acabar de apostar por el toro fue más ceñida arrancando aplausos de foráneos y locales. Por el izquierdo el toro no iba tan bien, pero iba, y Luis Miguel tan solo le hizo una tanda de la que apenas recuerdo un buen natural pues se apresuró a volver a la diestra que sabía que el toro los tomaba de dulce. Así nos dejó otras dos tandas rematadas por bajo con esas trincherillas que dan tanto gusto al cuerpo serrano.

Mató de una estocada que podía ser un buen ejemplo para enseñar a los no iniciados todos los pecados que puede cometer una espada al entrar en las chichas de un toro. Salió a saludar y desde el sol se le pidió la vuelta que protestada por algunos el torero complutense la dio tan ricamente. Y a mi me parece bien porque toreó. Y si hubiera matado le hubiera dado una oreja.

Su segundo, bonito de lámina, fue un toro raro. Ya salió con la cara puesta en ninguna parte y según divisó al penco, que montaba José Antonio Fernández, se fue a por él recibiendo un puyazo; curiosamente el único que cayó en el morrillo en toda la tarde. Por desgracia el pago al buen hacer del piquero, fue un derribo que costó a don José Antonio una muñeca rota. En ese momento la lidia tomó acentos de los tiempos de Espartero y este improvisado Perdigón en medio del barullo de capotes, alternaba empujones en los caballos de Da Silva y Fernández en los terrenos de la querencia. Con este toro Encabo lo vio claro desde que apareció por chiqueros. Era bronco y no tenía ni pizca de clase en su embestida, y condujo el torero esos arreones de manso con oficio y sin darle mucha coba, acabando la cosa en tres pinchazos y un bajonazo –por cierto, en toda la tarde no vimos una espada en su sitio-.

Esperábamos, como siempre que torea un mejicano, ver torear con el capote. Apenas unas verónicas lentas pero de escasa factura le propinó Alejandro Amaya a su segundo toro al ejecutar su quite y eso fue todo el toreo de capote y lo más destacable de toda su actuación. Estas fueron respondidas por delantales de Javier Solís, que sin lujo en su ejecución si puntúan en un torero que se quiera dejar ver.

Al tijuanense le salió uno de los toros que dando menos kilos en la báscula mostraba mayor trapío, y supongo que sería este el motivo para que le indicara al varilarguero Borja Ruiz que le pegara duro. Y vaya si le pegó. Estoy convencido que a este toro se lo cargaron en el caballo en un tremendo primer puyazo. El toro, pujante de salida, se paró y ya no se hizo carrera de él; ningún recorrido, cara alta y parones en el embroque. De todos modos, Amaya estuvo citando siempre fuera de cacho, con todas las precauciones que muestra un torero con muy poco oficio y nada sobrado de valor. Mató de varios pinchazos y un descabello. En el recibo de su segundo toro las pasó canutas para sacárselo de encima, no podía salir de las tablas y casi resulta cogido. Este torete, protestado por enano, tampoco permitió a Amaya mostrar otra cosa que las mencionadas verónicas del quite. Como firma lo mató de una estocada en el hueso palomo. Definitivamente se confirma la nula condición de este coleta.

Por último a Javier Solís que confirmaba alternativa, le tocó en suerte un prenda que no paraba de metérsele en la taleguilla, muy tardo en sus arrancadas, que si obedecía en algún terreno era en el tercio y paralelo a las tablas pero Solís no se entendió con él. No obstante ya desde el comienzo de la faena de muleta se le vio voluntarioso citando desde el centro del anillo en un pase cambiado por la espalda. Luego vinieron muchos enganchones y ninguna continuidad en su toreo aunque es justo reconocer que sin ningún lucimiento -entre otras cosas por la nula condición del toro- en su trasteo expuso más de lo que el toro podía ofrecer. Aseado. Mató de una estocada caída.

Su segundo toro último de la tarde fue largo, ensillado y algo tocado de cuerna. Tuvo Solís un buen comienzo al sacárselo con firmeza hasta los medios. Manifestaba cierta brusquedad que atemorizó a diestro que sólo al avanzar la faena fue cogiendo confianza y pudo entonces arrancar al manso algún muletazo de valor. De todas maneras tras múltiples enganchones Solís no acabó de conducir la faena y a pesar de haber puesto voluntad, ganó el manso que a esas alturas dejaba ver condiciones que podrían haber sido aprovechadas. Mato de media estocada y tres descabellos.

A esas horas ya se habían marchado muchos de mis vociferantes y exóticos vecinos pero los más pacientes y de correcto comportamiento, miraban a su alrededor preguntándose si seguirían saliendo más toros a la arena.

 

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