Un recital para el romancero: “cada toro tiene su lidia”

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24 Abril 2011 | Escrito por Esther Arribas González | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Domingo de Resurrección. Seis toros de Los Recitales correctos en presentación, bajos, hondos y con romana. En general mansos, flojos, sin raza y de poco juego. El cuarto desarrolló peligro y el quinto fue la excepción, resultó el toro encastado de la tarde, ovacionado en el arrastre.


Curro Díaz (azul marino y oro): pinchazo y casi entera (silencio); metisaca y estocada (silencio).

Leandro (verde hoja y oro con cabos negros): dos pinchazos y estocada caída (silencio); estocada tendida, atravesada, que escupe y estocada (silencio tras aviso).

Morenito de Aranda (fucsia y oro): tres pinchazos, estocada baja y atravesada (silencio tras aviso); dos pinchazos, media y cinco descabellos (silencio tras aviso).


Tercio de varas: Hacer mención a Agustín Sanz, que agarró bien al quinto de la tarde, un toro que empujó y se sometió en la larga-primera puya.
Cuadrillas: Destacar a Miguel Martín, que se desmonteró tras banderillear al quinto. Salvo esto, no quedó patente ni por asomo, el concepto de la lidia.

Incidencias y otros: Presidió el festejo don Manuel Muñoz Infante, como siempre, tragando a los inválidos, sobre todo al segundo de la tarde, un toro que acabó echándose por falta de fuerzas. El festejo quedó ridiculizado otra tarde más, evitando la posibilidad de ver cualquier faena por ahorrarse los sobreros. Un tercio de plaza en la mejor de la tardes de una Semana Santa pasada por agua.
 


Son las seis de la tarde y aguarda la expectación. Los tres toreros aparecen al unísono, marcan cruz y despliegan torería en el avance de un buen paseíllo. Se anuncia corrida de Resurrección. El ritual se paraliza en memoria al ganadero Juan Pedro Domecq Solís. D.E.P, minuto pasado finaliza con un ¡Viva la Fiesta Nacional! y suenan clarines. Se da comienzo al mayor de los rezos.

Sale el primero por chiqueros, es bajo, bien armado y derrota en las tablas del 8. Curro Díaz lancea con gusto y templanza por ambos pitones pero la flojedad se palpa. Esmero al ponerlo en suerte y derribo de caballo. Dos puyazos traseros. Banderillas saltarinas. Inicia la faena doblándose por bajo en el 5 y con buen cambio de mano se dirige a los medios, es mejor el pitón izquierdo, pero ahí acaba todo. El animal se queda parado, probablemente porque desiste del “toreo muy al hilo” y falta de temple que ejecuta el diestro.

El primero de Leandro es un poco más alto, feo y con menos cara y ¡cómo está, madre! ¡Menudo galope tiene el torito! De los dos encuentros al caballo sale airoso, no quiere ver el peto y en los palos queda moribundo. Los derechazos sacando pecho de Leandro no evitan que se tumbe el animal. Definitivamente, el presidente se ha lucido al no cambiar a este inválido.

Morenito de Aranda espera a que salga su toro, el tercero de la tarde, anovillado, con culata y playerito. No es su momento. El picador llama al toro de costado y le pica en el rincón de la paletilla. Vaya churro de lidia. El diestro pierde pasos y el animal las manos ¡Vaya recital! Le despacha de un bajonazo.

En este momento, cambia el rumbo de los inválidos. El cuarto es largo y algo escurrido. Por el izquierdo aprieta y para los adentros pone en apuros al espada en el saludo capotero. Se le pica dos veces en la paletilla y no se le sujeta para quitarle mandato, se hace bastante peligroso por el pitón izquierdo. Curro parece justificarse pero lo que realmente sucede es que no le quiere ver ni poder. Desiste con un mete-saca. Curro no estás.

“Adorado”, el quinto, resucita, como el sufijo del día, el ánimo de los allí presentes. Es corto y abierto de encornadura. Sale soso, oliendo el dorado redondel. Leandro le acomete en tablas, pero quiere medios. Empuja en el caballo con la carita alta, pero fijo en su contrincante. En el segundo encuentro sale airoso. Miguel Martín cuartea torero con los palos en sus dos encuentros y se desmontera. Leandro se dobla y se lo va sacando a los medios y le da cierta distancia. El toro va y viene con encastado son, repite con alegría para embestir pero HAY que templarle. Ahí hay toro. Logra dos tandas estimables pero no acaba de prender. Hay que poderle, pero cuando uno metía la cara estupendamente el otro se veía sorprendido, echando en falta la entereza y el valor. Se fue como vino. Con diferencia, el mejor toro de la tarde.

Al sexto, sin fijeza y bajo las órdenes de un torero ausente, le pican en el 3 en una auténtica capea. No hay quites en la vespertina. Banderilleo de a uno, espantoso tercio. El toro no tiene clase pero parece desarrollar sentido y tiene una embestida intermitente, pero la tiene, hay que poderle porque tiene transmisión. Sin embargo, esta vez ”el morenito”, que dibujó al natural el más bello cuadro el pasado 2 de octubre, no hizo ni garabatos. Gazapea en la suerte suprema.

Fue una tarde de expectación y muy a mí pesar, de decepción. Que cada toro tiene su lidia es ya un secreto a voces y la segunda mitad de la media docena de “los Recitales” se podía haber toreado. Lo de hoy era una terna que torea al gusto de la plaza madrileña con posibilidades desaprovechadas. Lo que hay que venir es con ganas y estudiar un poco al toro, su comportamiento en cada tercio y darle una lidia afín. No digo que el ganado fuera el mejor para dotar a los espadas de una gran faena pero sí que con concentración en la lidia hubieran podido surgir opciones. Quizá el viento les justificase.

 

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