Una tarde con matices

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Una tarde con matices

  • Salvador Barberán: estocada y tres pinchazos en su primero. Silencio. Una estocada, dos descabellos y un aviso en su segundo. Silencio.
  • Albero Durán: estocada, seis descabellos y dos avisos. Silencio. Una estocada, un pinchazo, tres descabellos y un aviso. Silencio.
  • Rafael del Cerro: una estocada y seis pinchazos. Silencio. Una estocada perpendicular tres pinchazos y un aviso.

Día 22 Acostumbrados a novilladas, donde el aburrimiento reina por todos los rincones de la tauromaquia, esta tarde no fue distinta a las demás, pero ojo, dejando matices para tener en cuenta. La novillada no fue para tirar cohetes pero tuvo sus cosas. Tomó un total de ocho puyazos, por un tumbo, saliendo un buen novillo en tercer lugar, llamado Misterio, aunque manseó en banderillas.

Destacaremos la actuación de Alberto Durán, que fue el novillero, con diferencia de los demás, más cuajado. Sus dos faenas fueron construidas de forma distinta, adaptándose a las dos formas distintas de embestir de sus dos novillos. Con su primero estuvo bien con el capote, proporcionándonos cierto pique en quites con Rafael del Cerro. Con la muleta destacó por su temple y su elegancia en los comienzos de faena. Mal con los aceros. Con su segundo, un animal manso y encastado, nos ofreció otra versión de dominio, construyendo una inteligente faena. Mal con los aceros.

Salvador Barberán fue lo opuesto, demostrando estar más verde que los pimientos de la tía Vitoria. No pudimos ver mucho con su primero, un animal flojo e inválido. Con su segundo oponente, un animal que quizás pudo lastimarse en la lidia, estuvo toreando al alivio y fuera de la suerte.

Día 15Rafael del Cerro destacó más con el capote en su primero, dejándose ver en los quites, cosa que es de agradecer. Caso contrario fue en la muleta, donde anduvo más en la mentira. Toreó con la izquierda enviando el toro a Manuel Becerra y con la muleta arriba, a un animal que tenía su punto de casta pero también de nobleza. Mal con los aceros.

En su segundo, un animal correcto de presentación y también con cierta casta, nos mostró con cierta astucia su forma de torear. Primero sacó el toro a los medios, comprobando que el animal apretaba en la boca de riego y astutamente se lo trajo hacia las tablas, consiguiendo parar la embestida. De esta forma paró al toro y buscó el arrimón, yéndose el animal sin torear. Mal con los aceros.

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