Y El Gallo saltó al ruedo

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06 Mayo 2012 | Escrito por Roberto García Yuste. | Fotografías de Constante

Corrida de toros. Cinco toros de Martín Lorca de procedencia Domecq Diez y un remiendo de Escribano Martin (3º) del otro hierro de la casa y la misma procedencia. En líneas generales bien presentados, excepto el segundo que era muy feo de hechuras y el cuarto que fue algo anovillado. Destacaron el corrido en tercer lugar, que tuvo movilidad y algo de casta y el cuarto por su transmisión y recorrido; el resto del encierro fue blando y llegando al último tercio demasiado nobles sin ningún tipo de emoción y riesgo que es lo que tiene que tener el Toro. El peso medio de la corrida fue de 540 kg.


SALVADOR VEGA: de verde manzana y oro. Estocada caída (silencio). Seis pinchazos y tres descabellos. Un aviso (silencio).

EDUARDO GALLO: de tabaco y oro. Pinchazo y estocada (vuelta por su cuenta). Pinchazo y estocada (vuelta tras petición).

OLIVA SOTO: de corinto y azabache. Dos pinchazos y siete descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo y pinchazo (silencio).


Suerte de varas: desde la grada del Siete se oyó en varias ocasiones el famoso grito de ¡¡¡picadooooor…qué malo eres!!! Esto resume el tercio de varas en toda la corrida. Apuntar una curiosidad, en el paseíllo un caballo llevaba un ojo descubierto mientras todos los llevaban bien tapados, según el reglamento deberían salir siempre al ruedo con un ojo destapado.

Incidencias y otros: Presidió el festejo don Manuel Muñoz Infante, correcto en toda la tarde, aguantó y no concedió la oreja a Eduardo Gallo en el quinto por no considerar mayoría de moqueros, enhorabuena presidente, esperemos sea tan riguroso con otros toreros de más renombre.- En la vuelta al ruedo de Eduardo Gallo tras la muerte del quinto de la tarde, alguien lanzó un gallo al ruedo, que tuvo que ser acorralado por los subalternos y embarcado por la puerta de arrastre, después de andar por el ruedo varios minutos.
 


“Eduardo estamos contigo” se leía en una pancarta situada en la grada del 5. Un individuo que se encontraba sentado a mi lado me dijo ¿Quién es Eduardo? Pues mire usted Señor, Eduardo es El Gallo, no el de corral, que luego le veríamos, sino el de Salamanca, un chaval que sabe torear, que de novillero nos deslumbró en esta plaza en el 2004 bajo la lluvia, con una novillada de Román Sorando y donde le pudimos apreciar su buen concepto del toreo ¿Saltará hoy el gallo? dijo el inexperto aficionado. Y vaya, saltó.

El segundo toro de la tarde, amorrillado, serio por la edad, tenia cinco añitos; le recibió Eduardo Gallo con unas verónicas a pies juntos con mucho gusto, una cadencia excepcional, ahí empezó a mostrar la actitud y la predisposición con que acudió a Las Ventas. Galleó por chicuelinas que fueron borradas por un quite de delantales de Oliva Soto que remató con una soberbia media. Con la muleta, El Gallo de Salamanca estuvo muy templado y la faena alcanzó algo de vuelo cuando cogió la mano izquierda y consiguió dar unos pocos naturales hondos, puros y en redondo. Remató la faena por bajo con mucha torería, mató al segundo encuentro y aun así hubo una petición; quizá habría sido suficiente recoger una fuerte ovación desde el tercio, pero las vueltas al ruedo por cuenta ajena están de moda.

Con el quinto, el mejor presentado de la corrida, lanceó a la verónica potablemente, luego el morlaco manseó considerablemente en varas llegando muy parado a la muleta y al salmantino esto le vino de lujo, pues le hizo las cosas muy bien al animal moribundo, se puso muy de verdad por ambas manos, llevando al toro en redondo y rematando cada muletazo sacando la muleta por debajo de la pala del pitón. Se pegó un arrimón considerable con un toro muy parado y muy noble que no le hizo ni un gesto de maldad aunque, todo hay que decirlo, los muletazos se daban de uno en uno. La espada, esta vez sí, le privó de obtener un trofeo y se tuvo que conformar con la vuelta al ruedo que sabe a triunfo y a posible candidato para sustitución en San Isidro. Gallo, torero recuperable; Lázaro Carmona, su nuevo apoderado, debe recuperar la ilusión que este torero un día perdió.

Del resto de la corrida, poco más; Salvador Vega no está en este mundo, pues en ambos toros se le apreciaron muchas dudas, perdiendo pasos, falto de colocación y para colmo el cuarto, que era un toro al que había que poder y torear, se le fue crudito; lo peor fue la poca ilusión y predisposición con que vino a Madrid, así no puede seguir.

Oliva Soto, torero al que la afición de Madrid le sigue esperando, se mostró muy nervioso con el tercero de la tarde, que desarrolló casta y que se vino arriba en banderillas; el sevillano le sometió a base de trallazos y muletazos rematados por alto, equivocado de terrenos, en definitiva mal y con la espada peor. Con el sexto, que cerraba la tarde, un toro altote, Oliva Soto no se quiso complicar ni manchar su bonita terna de corinto y azabache, por lo que estuvo despegado y corriendo entre cada muletazo toda la faena.

Los aficionados ya mostramos la alegría en nuestros rostros por la cercanía al comienzo de la Feria, Eduardo, El Gallo de Salamanca, por tener una tarde digna en Madrid y verle su posible recuperación y sobre todo quien estaba radiante y feliz era Greta, una niña de tres años que era la primera vez que asistía a la Plaza de Las Ventas y - cómo no - al tendido 7, junto a su padre y a su abuelo, Rosco, recogiendo el testigo de la afición de Guadalix y la herencia de dos grandes aficionados como son su padre y su abuelo, a quien el que escribe le estará eternamente mas que agradecido por envenenarme con este mundo, como a su nieta.

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